
Éramos el cardumen
Éramos el cardumen
de los sueños arbolados con buril
y mañanas ensimismadas.
Cómo se pasa el tiempo, Dios mío
Y ahora me pierdo en la vigilia de tu corazón,
y oigo tu voz rota de ilusión
mientras hay un terremoto
de nueve puntos en la escala de Richter.

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