«Málaga 82». Capítulo 33

Málaga 82

Sinopsis

Málaga 82. Sara Rojas es una adolescente que no tiene amigos. La novela relata la historia de Sara y Margarita, alumnas de BUP en la “insignificante” ciudad de Málaga hace cuatro décadas. Margarita es extrovertida, popular y ha estado con innumerables chicos, pero encuentra su vida exasperantemente aburrida. Sara, por el contrario, es tímida y no ha conseguido tener ninguna relación desde que se mudó con su familia a Málaga hace un año.

Capítulo 33

Abro el armario en un estado eufórico y estiro el brazo hacia dentro. De algún lugar secreto saco un paquete de cigarrillos Dunhill que le he robado a mis padres, caja roja elegante, relucientes letras doradas. También extraigo una botella de coñac Napoleón también fangada. Yo, la empollona, me siento muy malota. Eso me gusta mucho.

Echo la mercancía clandestina a la mochila. Me planto frente al espejo y me estudio la pinta. Estoy guapa, es raro, no me suelo ver guapa, y muy tensa. Venga, ¿a qué no hay huevos?

A que sí.

Hace mucho calor. Un calor del quince. En nuestro piso del Paseo Marítimo sopla la brisa porque mamá deja todo abierto y se forma corriente. Mamá lee un libro de Doris Lessing, en el salón al lado de laterraza. «El cuaderno dorado» sobre el que ha escrito crítica literaria. 

Papá ve un partido de tenis de Bjorg contra McEnroe en la tele. Cuando vivíamos en madrid e ibamos a Colmenar del Arroyo jugaba al tenis con mi tío Mariano y mi tío David. Papá es un ascendido social, un hombre hecho a sí mismo. Ninguna generación le separa del hambre.  

El locutor narra cómo Bjorg mantiene la calma mientras a McEnroe le pierde la irá. «La bola entró». 

Ja, ja, ja. 

Hay un punto de match point. Cojonudo para mis planes

He salido de mi habitacion, atenazada por una embriagadora y clandestina sensación de clandestinidad, con sumo cuidado fingiendo naturalidad muy mal.

He cerrado la puerta de mi cuarto tras de mí. Me acerco por detrás a mi padre al que quiero un montón. Me inclino hacia él y le beso la coronilla. Huele a él, a su humanidad. Me siento abierta y muy vulnerable a la vez. 

Él me agradece el gesto de cariño porque mi madre no es cariñosa con él. 

-Bueno que me voy-digo. 

-Ea. 

Papá se gira hacia mí y me suelta:

-Sara, no te digo nada. ¿Vale? 

-Noooo. 

Desparezco en dirección a la puerta. 

Siiiiiii.   

Málaga 82

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