
Sinopsis
Málaga 82. Sara Rojas es una adolescente que no tiene amigos. La novela relata la historia de Sara y Margarita, alumnas de BUP en la “insignificante” ciudad de Málaga hace cuatro décadas. Margarita es extrovertida, popular y ha estado con innumerables chicos, pero encuentra su vida exasperantemente aburrida. Sara, por el contrario, es tímida y no ha conseguido tener ninguna relación desde que se mudó con su familia a Málaga hace un año. Una novela juvenil lgtbi.
Capítulo 47
Dos días después, cuando yo ya creía que había salido de la vida de Margarita definitivamente, me quedé muy sorprendida al pedirme ella que la acompañara a su casa. Me di cuenta de que -como Neil Armstrong, un pequeñito paso para el hombre, un gran paso para la humanidad- yo había dado un gigantesco paso en mi lírico y obsesivo enamoramiento de la chica de mi vida. Había roto su muro de su desconfianza.
Sentí un alivio increíble al darme cuenta de que por una liza absurda, triste triste empresa si no es de amor, mi enamorada había empezado a verme con otros ojos.
Gracias Dios mío, te debo una.
Digo. Te debo un monton. Y te pagare las deudas con creces, amando con profundidad y verdad a tu hija Margarita.
Si me otorgas esta gloriosa merced nunca volvere a pedirte nada más, nunca volveré a quejarme porque no soy guapa. Te lo juro.
Aunque estaba hecha mixtos y tenía las piernas como arena molida, exhausta, resacosa, con la boca de esparto y una sed alucinada, le dije que sí porque estaba locamente enamorada de ella. Sin embargo no me imaginaba cómo esa noche iba a cambiar mi vida para siempre, ni qué giro de guion me tenía preparado el destino.
Margarita y yo nos metimos por la calle Carreterías y acabamos en el barrio de Capuchinos, un sitio feo y dejado de la mano de Dios, con edificios apelotonados sin ton ni son y basura en la acera.
No me siento orgullosa de ello pero, secretamente, me alegré de que yo tuviera más nivel social y más dinero que ella porque así podía ofrecerle algo en la vida además de mi carácter y el relumbre de mis sentimientos, con los que tenía miedo de agotarla porque yo ya con quince años, era una intensita de cuidado, aunque, curiosamente, Margarita parecía inmune a la fascinación por el dinero. Esa era una de las cosas que más me gustaba de ella.
Tenía valores y esos valores me deslumbraban y me suspendían en una felicidad extática.
-¿En que piensas?
Me devané los sesos pero sólo hallé un telúrico vacío existencial, sólo atisbé un absoluto agotamiento mental y físico en mí. No debería haber bebido tanto porque luego me quedaba hecha polvo, con un puñal de culpa y desesperación en el alma. Tenía que dejar de trasegarme hasta el agua de los jarrones. Pero, en aquella época, sólo quería pasármelo bien y ser feliz, dejar atrás mi vida de empollona triste y solitaria. Además, en mi entorno, empinar el codo era natural y normal. Todo el mundo lo hacía. Sábado de borrachera, domingo de lamentación. No tenia ni idea de cómo iba a perder la dignidad y la libertad por el consumo de alcohol. Por supuesto yo era pendular y me iba de un extremo a otro haciéndome daño en el proceso. No había oído hablar del auras mediocritas de Aristóteles y aunque hubiera oído hablar de esa idea me habría atraído más la brillantez que el sosiego del equilibrio
En aquella época, no tenía ni idea de que era PAS, una persona altamente sensible, ni sabía que el exceso de estímulos me saturada, necesitaba escaparme a mi soledad y a mi Mediterráneo para repararme interiormente y escribir, leer, y ver cine eran mis vías de escape que recuperar mi centro. Con tres heridas viene: la del amor, la de la vida y la de la muerte.
-Qué rara eres-dijo mi madre con sibilino tono de desprecio. Me sentí muy herida y me encerré más en mí misma.
Mamá, ¿qué haces aquí? Estoy con Margarita, viviendo un amor que me hace sentir viva y que tú no entenderás así que pasen veinte años.
Subimos por la calle Dos aceras, bordeamos la librería Proteo y Prometeo donde mi padre me había abierto una cuenta para que los sábados sacará los libros que me diera la gana leer. ¿Qué padre hacía eso? Sólo mi padre.
Ambas acabamos recalando en un queda y recoleta placita que estaba justo en frente de la calle Beatas desde la cual yo había visto la única procesión que me interesaba de la Semana Santa de Málaga: Servitas.
-¿Te apetece conocer a mi hermano?

Tienes algunas de mis novelas en Wattpad.
Una novela juvenil lgtbi.
Deja una respuesta