Málaga 82. Capítulo 52

Mi vida en blanco y negro ha pasado a estar en tecnicolor.

Sinopsis

Málaga 82. Sara Rojas es una adolescente que no tiene amigos. La novela relata la historia de Sara y Margarita, alumnas de BUP en la “insignificante” ciudad de Málaga hace cuatro décadas. Margarita es extrovertida, popular y ha estado con innumerables chicos, pero encuentra su vida exasperantemente aburrida. Sara, por el contrario, es tímida y no ha conseguido tener ninguna relación desde que se mudó con su familia a Málaga hace un año. 

Capítulo 52

-Hija, por lo visto has hecho un partidazo-dice Javier a Margarita, en la cocina de nuestro chalet, mientras bebe un vaso de agua.

-¿Quién te lo ha dicho?

-Sara me lo ha contado.

 Busco a Margarita por toda la casa, recorro los pasillos y las habitaciones. Por fin, la encuentro en el salón mirando un cuadro, con suma concentración. Una ráfaga de luz la ilumina como si fuera la Virgen María. Me acerco a ella, con el corazón en un puño, los latidos rugiendo en mis venas, frágil y vulnerable.

-Es de Joaquín Mir-digo mientras tiemblo como una hoja, con la sensación de que estoy a punto de desintegrarme.

-Mola.

-¿Lo quieres?

-¿Estás de coña?

-No.

-No puedo.

-Vale. Tus amigas saben qué dibujas. Pero no les interesa el arte. 

-No, están a otro rollo.

-Ya, al rollo de vacilar con quien se enrollan.

-Sí. 

Se ríe y baja la cabeza como una potrilla tímida. Ese gesto suyo me encanta. Estoy locamente enamorada de esa chica. Necesito estar con ella todo el rato.

-Contigo es diferente-dice Margarita.

-¿Por qué?

-Tú me ves.

-Eso seguro-me rio.

– ¿Te gusto de verdad?

-Sí.

– ¿En serio?

-En serio.

-¿Como amiga o para salir?

-Para salir. 

Noto cómo me arden las mejillas. Tengo la cara en llamas.

-Te has puesto roja.

-Sí. Es un defecto que tengo.

-No quiero que nadie lo sepa.

-Nadie lo va a saber. Te lo juro.

Margarita se acerca a mi cara y me besa con una dulzura exasperante que me licúa por dentro.

-Será nuestro secreto. Nadie nos puede ver.

-Nadie nos verá.

Me vuelve a besar y yo exploro con la lengua sus labios, su lengua, su boca.

– ¿Te ha gustado?

-Sí. Es mi primer beso.

– ¿De verdad?

-De verdad

– ¿De verdad de la buena?

-De verdad de la buena.

Ella me mira con una expresión tan sorprendida que resulta cómica.

-No se lo cuentes a nadie en el cole.

-Soy una tumba. Además, no tengo amigas a quien contar nada. Soy una borde. 

-No, no eres borde. Sólo sufres.

-Qué profunda.

Me rio de los nervios. Las carcajadas me recorren el cuerpo y me hacen doblarme de risa y de excitación. 

 Cuando Margarita Rodríguez se marcha con su padre, en su Seat 1430 azul marino viejo y cochambroso, me tumbo en mi cama, bajo el póster de James Dean caminando por las calles de Nueva York, por Times Square, arrebujado en su abrigo, bajo una lluvia heladora, en 1955 mientras siento una bestial ráfaga de felicidad. Sonrío al techo. Mi vida en blanco y negro ha pasado a estar en tecnicolor.

Mi vida en blanco y negro ha pasado a estar en tecnicolor.

Nuria, con su hijo.

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