El arte del guion, según Nuria Verde

Todo lo que quisiste saber sobre el guion de cine y televisión, pero nunca te atreviste a preguntar. Blog de Nuria Verde Hidalgo, periodista y guionista.

Málaga 82. Capítulo 56

La historia de amor de Sara y Margarita

Sinopsis

Málaga 82. Sara Rojas es una adolescente que no tiene amigos. La novela relata la historia de Sara y Margarita, alumnas de BUP en la “insignificante” ciudad de Málaga hace cuatro décadas. Margarita es extrovertida, popular y ha estado con innumerables chicos, pero encuentra su vida exasperantemente aburrida. Sara, por el contrario, es tímida y no ha conseguido tener ninguna relación desde que se mudó con su familia a Málaga hace un año. 

Capítulo 56

Me encuentro llorando a Margarita en el cuarto donde guardamos los aparatos de gimnasia, el plinto, el caballo, el potro, y las colchonetas, después de que el profesor de Educación Física, Javier alias «El sopas» me mandara a buscar una bala de hierro-que pesa ocho kilos, cuñá-para tirarla al campo de fútbol de tierra y piedras y practicar lanzamiento de peso. A Javier le llamamos «El Sopas» porque tiene la mandíbula muy salida y se asemeja a un cuenco, donde te puedes comer una sopa. Los chicos somos capaces de destrozar a un profesor con sólo ponerle un mote. Ya hemos visto a algún docente romperse por dentro delante de nosotros y quedarse empanaos. Algunos se piden la baja por depresión.

Me acerco a Margarita. Me acuclillo. La abrazo. 

-¿Estás bien?-le pregunto. 

-No-dice con voz empapada en una tristeza insondable. 

-Tienes que hablar con Julia-le digo sin dejar de abrazarla. Quiero darle mi calor. Quiero abrasarla con mis llamas. Quiero llenarla de vida. 

Julia es la psicóloga que hay en el Colegio león XIII. La conocimos cuando nos hizo unos tests de inteligencia en los que había que rellenar unas secuencias lógicas de figuras y números en las que faltaba la última casilla. Los resultados eran secretos. No sé que saqué porque mis padres nunca me dijeron nada. Así que no sé si soy superdotada. 

-No. 

-Ve. Tienes que hablar con alguien, Margarita. Tienes una depresión de caballo.  

-No puedo dormir. No puedo respirar. Me siento fatal, como si tuviera una losa en el pecho. 

-Normal, después de la muerte de tu madre. Lo entiendo. 

No la dejo sola. He leído en un libro de Psicología que lo peor que puedes hacer con una persona que tiene depresión es dejarla sola. 

Entre nosotras germina una confianza que se asienta sobre una base vulnerable. 

Tres días después, Margarita va a hablar con Julia para contarle cómo se siente.

-Pasa, Margarita-le dice Julia, abriendo la puerta de su despacho que está en el torreón del colegio León XIII.

-Siéntate, por favor-dice Julia. 

Margarita se siente. No mira a los ojos a Julia. Le tiembla todo el cuerpo. Siente que se está desintegrando. 

-¿Qué tal te encuentras? 

-Mal. 

Margarita se pone a llorar. Duele verla llorar. Llora como si se le rompiese el corazón. 

Julia le pasa un kleenex que saca de una caja de cartón que está sobre su mesa ordenada. Margarita piensa que mucha gente debe de llorar en su consulta. 

-Mi madre murio. Y me siento culpable. 

-¿Por qué? 

-Porque no hago más que pensar que si hubiera estado en casa, la habría salvado. Que fue culpa mía. Tenía que haber estado en casa-dice Margarita. 

-Margarita, a veces en la vida pasan cosas y nadie tiene la culpa. Tú no tienes la culpa de que tu madre muriera. 

-Lo sé. Perdón. 

-No pidas perdón. 

-También me pasa que me siento muy sola. 

-¿Hay alguien con la que puedes hablar?

-Me cuesta mucho conectar con la gente. Bueno, tengo a una amiga, Sara. 

-¿Puedes contarle cómo te sientes?

-Sí. Me está apoyando mucho. Ella fue la que me dijo que viniera a hablar con usted. 

-No me llames de usted que no soy tan mayor. 

-Vale. 

-¿Crees que sentirte culpable te pesa mucho? ¿Has sentido una culpa excesiva antes?

-Sí. Todo me lo echo a la espalda. Todo es culpa mía. 

-Entiendo. 

-También me siento muy sola. A ver, a la gente le gusto. No es que no tenga amigas. Pero, por dentro, estoy como encerrada, como si no pudiera comunicarme. Ahora no quiero ver a nadie. Desde que murió mamá todo me da igual. 

-¿Y Sara?

-Con ella es diferente. Es mi mejor amiga. Siempre está ahí cuando la necesito. 

-Lo comprendo. 

-Sí. Perdón. 

-No pidas perdón. No has hecho nada malo. 

La historia de amor de Sara y Margarita

Nuria, con sus amigas Ale, Marga y Gabi.

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