
Tom y Claire forman mi pareja favorita de la serie a la que estoy enganchada en este momento: Blue Lights. Para mí, la ficción británica no alcanza los niveles magníficos de «The Wire», pero captura su espíritu realista, periodístico, testimonial de las calles de Belfast, y los policías que las patrullan.
Tom ha perdido a su mujer por un cáncer, y aún no ha superado el duelo (si es que alguna vez se supera), se cocina comida sana que lleva en un tupper muy mono y protege en demasía a Grace, una poli novata, encantadora, que sufre el síndrome del nido vacío porque su hijo se ha ido a Londres.
A través de una trama espejo «Amor del bueno» en el mejor episodio de la segunda temporada, que cuenta la historia de una pareja gay, en la que uno de los cónyuges está enfermo terminal y el otro le ayuda a morir para acabar con su sufrimiento, Tom toma conciencia de que tiene que dejar de trabajar con Claire, y afrontar sus propios problema. El policía de Belfast se da cuenta de que cuida en exceso a su compañera porque no quiere perder otra vez a la mujer que quiere.
¿Dónde comerían Tom y Claire de «Blue Lights» en Madrid?
Quedada de chicas de mortis
Es un viernes delicioso y prometedor, y el club de chicas de mortis, formado por Marga, Gaby y yo quedamos con nuestro amigo Nacho en el restaurante Korea.
Nachete es un tipo genial, un disfrutón de la vida, que saborea el buen yantar y el mejor beber y que además tiene la deferencia de descubrirnos nuevos restaurantes chulos en Madrid. Un chollo, vamos. Un flipe filipino.
El restaurante Korea por fuera es anodino, y oculta su riqueza exótica-gastronómica. Cuando llego, ya están mis amigos sentados, en la parte baja del restaurante, ojo, porque Nacho nos dice que en la zona de arriba hay mucho ruido por culpa del alicatado de las paredes. Tanto Nacho como Marga y Gaby se dedican al sector cocinas y son expertos en materiales de construcción.
Me acomodo en un banco que se mueve en la sedante semipenumbra. Dejo a Nacho pedir.
Me imagino a Tom y Claire yendo a al Korea. A los ingleses y a los irlandeses les flipan los restaurantes étnicos porque su comida autóctona es puritita metralla.
– ¿Qué se come aquí?
– Comida de Corea del Sur.
-Sí porque de Corea del Norte ni de coña, con el tío ese loco perdido.
– Kim Jong-Um.
-Bueno, no sabemos. Nunca hemos ido.
-La gente se muere de hambre.
-Bueno, esto es Corea del Sur, los de «Vidas pasadas».
-Que peliculón.
-Es genial.
-Tú la puedes piratear tita Marga.
-Por supuesto. Bueno chicos, ¿qué pedimos?
-Lo mejor son los platos del camping gas y unas empanadillas.

¿Dónde comerían Tom y Claire de «Blue Lights» en Madrid?
En la calle Cristóbal Bordiu 59, se encuentra del restaurante Korea del que soy súper fan. Fachada añodina, pero manjares súper deliciosos esperan ocultos en su cocina.
Lo primero que pedimos mis amigos y yo son empanadillas fritas. Muy sabrosas.

Luego gambas fritas con salsa tradicional. Nos las comimos tan rápido y con tanto apetito que no me dio tiempo a hacer una foto para mi blog.
Mis amigos hablaba de cómo estaba el trabajo en el mundo cocinas. Ikea les había quitado mercado, pero aún así algo se movían. Hablaron de un tipo mafioso, putero, y alcohólico que había enterrado su dinero en alguna parte. Marga dijo que con ella era maja.
Quince minutos más tarde, llegamos al mundo camping gas-. El camarero nos colocó un fuegito en medio de la mesa y pedimos una plancha de calamares y tallarines. Riquísimos.
Seguimos con el disfrute gozoso de otro camping gas de gambas con verduras, y sepia.

Lo del fueguito me recuerda a mi infancia cuando hacía acampadas con mi padre e íbamos a pescar truchas en Colmenar del Arroyo. El fuego siempre ha ejercido sobre mí una fascinación atávica.

por que me gusta la serie «Blue Lights»? Porque no está hecha con inteligencia artificial. Es un guion humano, tenso, que me deja sin aliento. Sus historias me conmueven, me nutren, sacan a pasear mi voracidad periodística sale a pasear.
La segunda temporada es más apuesionante, porque se focaliza más en los personajes.
Imprescindible.

La trama de continuidad de la primera temporada tenía lugar en la parte irlandesa de Belfast, tras los acuerdos de paz entre Londres y el IRA. En la segunda temporada, la trama de continuidad se traslada a la parte fiel a los ingles, los llamados «loyals».
El punto de vista desde el que se cuenta la historia es original, múltiple y nuevo. En la serie no vemos cosas que ya hayamos visto millones de veces. Al contrario, «Blue Lights» no es una historia contada. Ahí reside parte de su gran mérito.
No hay personaje secundario insignificante ni menor. Por ejemplo, el pobre hombre que ha perdido a su familia en un fish and chips tras el estallido de una bomba del IRA y se ha alcoholizado.
Estamos en la espalda negra tras las batallas de la guerra en Irlanda del Norte. Pero el conflicto sigue latiendo en sus calles y la vida no es fácil en los barrios de Belfast. Todos intentan que las brasas no se conviertan en llamas y eso implica a la propia policía.

Una serie que nos habla de la realidad de Belfast a través de sus personajes con alma.

Tom y Claire son muy monos.

El camarero coreano regaña a mi amiga Marga cuando coge una chuchara de madera y remueve los fideos.
-No hacer eso-dice el tipo.
Mi amiga Marga se queda indignada porque odia que le llamen la atención como a una niña.

«Blue Lights» combina tramas recopiladas por los periodistas que son sus creadores y que no pudieron meter en sus reportajes con personajes creíbles y contradictorios con los que empatizas como con Tom y Claire (en la imagen de debajo) El guion huye de toda idealización y romanticismo del trabajo policial y me deja con el corazón en un puño.

Seguimos con más camping gas y descubro que la comida coreana me gusta más que la china que abusa del glutamato.

Te espero en un próximo post de ¿Dónde comen los personajes de nuestras series?

Nuria Verde, autora de este blog, en Londres con su marido, su hermana y su compi de RTVE, Marta.
Ah, y no olvidéis, queridas lectoras, que todavía sigue activo el sorteo de Paul Auster en el que regalo un libro del escritor norteamericano, «Experimentos con la verdad». La pregunta que hay que responder: ¿Qué novela de Paul Auster cita mi madre en el post «Mañanas de puente en La Malagueta»? Tenéis hasta el uno de agosto de 2024 para responder. Sorteo nacional.
No os lo perdáis porque es un libro interesante y desconocido del fallecido Auster.
Deja una respuesta