
Viendo «La promesa», mamá dice que le parece exagerado, a veces, lo mal que algunos aristócratas tratan al servicio en el palacio de Luján, que, en realidad, pertenece a Tamara Falcó, hija de fallecido Carlos Falcó, marqués de Griñón, pero yo creo que se ajustan bastante bien a la realidad de la época, y a otras realidades también de la actualidad en los juegos de poder de los ricos con los pobres, de los poderosos con los débiles en los trabajos de nuestro voraz capitalismo, de los explotadores con las mujeres inmigrantes que vienen a España con una mano delante y otra detrás. Pero mamá, me diría que hago demagogia barata, y me callo para no tener una discusión. «La promesa»: los secretos de un melodrama.
Sentadas en nuestros sofás de Gastón y Daniela frente a una tele inmensa y moderna que mi madre no acaba de comprender aunque se maneja, asistimos al siguiente diálogo entre Jimena y Manuel, refiriéndose a Jana Expósito:
—Pero ¿quién se cree que es? Una simple criada— dice Jimena.
—Vosotros la tratáis como una criada.

En «La Promesa» los guionistas utilizan muy a menudo la teoría de la iluminación para esclarecer el carácter de un personaje. Es decir, la opinión de un personaje ilumina cómo es otro par en la ficción. Es lo que hace Martina, por ejemplo, cuando habla de su padre con el marqués.
—Tiene mal carácter. Pero a usted no se atreverá a tratarlo mal.
El marqués va a avisar a su hermano de que su sobrina está en su casa, pero al final cuelga porque se apiada de su sobrina.
—Martina evoluciona a peor como personaje. Cuando llegó a La Promesa no era tan gilipollas— dice mamá.
—Pero tus padres te quieren bien, ¿verdad?— pregunta el marqués a Martina.
—Mis padres me quieren mucho, pero no bien.
Catalina entra de repente.
—¿Vienes a darme malas noticias?— pregunta el marqués a su hija favorita.
—Venía a darle información financiera. No quiero ser pájaro de mal aguero. O acepta el préstamo de Lorenzo o nos vamos a la ruina.

¿Dónde puedes ver «La Promesa»? En RTVE Play.
¿De qué va? El mundo entero está al borde del abismo, pero hay remansos de paz aislados de los conflictos. Como el Palacio La Promesa, en el valle de Los Pedroches, propiedad de los Marqueses de Luján, uno de los mayores terratenientes del país. Ese día el Palacio se viste de gala para celebrar la boda del heredero, Tomás. Recién terminado el convite, la aparición de un aeroplano atrae la atención de todos. Lo pilota Manuel (Arturo Sancho), hijo de los Marqueses. De repente, el aparato pierde altura hasta estrellarse. Manuel está a punto de ser consumido por las llamas; pero alguien consigue salvarlo: Jana (Ana Garcés). El Marqués le ofrece una recompensa económica, pero ella solo quiere trabajo en el Palacio y tiene un motivo claro: hacer justicia a su madre asesinada hace quince años, e investigar el paradero de su hermano, secuestrado cuando era un recién nacido. Y la única pista que tiene guarda relación con los Marqueses de Luján. Ha llegado el momento de vengarse. Solo hay un elemento con el que no había contado: Manuel, hijo de los Marqueses… y la última persona de la que esperaría enamorarse.
Lo mejor: Los guiones y Marga Martínez, actriz imperial que interpreta a Petra.
Lo peor: Algunas tramas de continuidad personal como la de Salvador y María Fernández son un muermo.
¿Con quién verla? A solas. Es un melodrama folletinesco perfecto para desconectar.

Nuria Verde Hidalgo, autora de este blog, ciclotímica y apasionada de la vida. Ama escribir. Recientemente, la escritora y periodista ha publicado, una entre catorce, El tercer hombre (Ediciones Silex, 2024) En 2020 publicó la novela El verdadero tercer hombre (Ediciones del Viento), en 2021 Los crímenes de Atapuerca (Caligrama), y en 2007 publicó Cómo crear una serie de televisión, con Gonzalo Toledano (Ediciones T&B), su primera incursión en la teoría y práctica del guion televisivo. En cuanto a su formación, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense. En 2010, fue finalista en los Premios Goya con su corto, Terapia.
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