El arte del guion, según Nuria Verde

Todo lo que quisiste saber sobre el guion de cine y televisión, pero nunca te atreviste a preguntar. Blog de Nuria Verde Hidalgo, periodista y guionista.

«Siempre nos quedará mañana»: el milagro de una película magnífica sobre una vida no tan bella

"Siempre nos quedará mañana": el milagro de una película magnífica sobre una vida no tan bella

Me ha encantado esta película italiana. Es una obra maestra, una historia emocionante y conmovedora, un homenaje verdadero a nuestras abuelas, y, en mi caso particular, a mi bisabuela Amalia, la madre de mi abuela Manuela. «Siempre nos quedará mañana»: el milagro de una película magnífica sobre una vida no tan bella.

Mi madre me recomendó Siempre nos quedará mañana. La había ido a ver con su amiga Charo y le había impresionado la película de Paola Cortellesi. La había ido a ver a ciegas, guiada por el mantra de que el cine italiano nunca defrauda. No sé el cine italiano, pero, sí, desde luego, «Siempre nos quedará mañana».

Que en 2024, se pueda hacer cine así, una obra maestra como esta película, es pura alegría. Estamos de enhorabuena con ese nuevo estilo que acierta a narrar una historia no narrada de mujeres alienadas que tiran para adelante en condiciones muy difíciles, cuando muchas mujeres eran meros felpudos de sus machistas maridos, cómo alimentan a unos hijos en la Italia de la postguerra mientras se normaliza la violencia machista y el maltrato sistemático del dictador doméstico, con rendijas para el humor, para la risa, para una mirada diferente sobre Delia y sus cuitas cotidianas en el tremedal en el que se encuentra metida hasta las trancas.

Cortellesi acierta al utilizar el blanco y negro, un blanco y negro mejorado que dota de atmósfera creíble e histórica, estamos en 1946, a «Siempre nos quedará mañana». Luego, el tono tragicómico del guion, las historias no vistas, o al menos no vistas por la retina de una mujer creadora, que se fija en detalles que me interesan, que me conmueven, que me atrapan.

Ah, esa fotografía en blanco y negro y esa música con danzas y miradas, cómo le dan una verdad visual a «Siempre nos quedará mañana».

La historia de las mujeres

Las historias que cuenta Paola Cortellesi me traen a la memoria las anécdotas, batallas, recuerdos que me narraba mi abuela Manuela sobre su infancia en el sótano de la plaza de Felipe II, Madrid, mientras cocinaba y yo la contemplaba, absorta, yo la amaba y desde que murió no hay un día que no la recuerde o que no la eche de menos. Era mi vínculo con la vida, ahora lo es mi hijo. Mi abuela se fue, pero sus historias se quedaron.

-Ya empezaron mal desde la boda-dijo mi abuela mientras armaba las croquetas y luego las pasaba con huevo batido y pan rayado.

Se refería a mis bisabuelos. Paco y Amalia. Tras la celebración de su matrimonio con la familia, tras fiesta modesta, con esa alegría sin contaminar que antes había en los acontecimientos especiales, mi bisabuelo se bebió su sombrero hongo lleno de coñac y no pudo encontrar la llave de su nueva casa (el sótano). Juntos pasaron la noche de bodas, sentados en las escaleras de madera gastado del rellano con mi abuelo como una cuba. A partir de ahí todo fue de mal en peor.

Volviendo a la peli.

Roma. Año 1946. Delia tiene tres hijos y está casada con el malhumorado Ivano, que la maltrata. Tras la guerra, ambos luchan por sacar a la familia adelante con trabajados mal pagados. Pero un día, una maravillosa noticia les alborota el ánimo: Marcella, la hija mayor, acaba de comprometerse con Giulio, un chico muy simpático de buena familia. Delia está muy ilusionada con este nuevo comienzo que traerá un futuro mejor para todos. Sin embargo, recibe una misteriosa carta que promete cambiar los planes de la familia para siempre.

Furio Andreotti, Giulia Calenda y Paola Cortellesi firman un guion asombroso, magnífico, donde lo importante no es lo que se dice, sino cómo se dice, silencios y miradas entre madre e hija cargados de subtexto, cruce de pupilas con intención que se lanzan los personajes. Un guion que funciona con exacta precisión, que no se hace largo, que cuenta lo que tiene que contar. Un guion en el que la historia está medida, y no sobra ninguna línea de diálogo.

Quizás haya algún anacronismo en la hija, Marcella, y en algunas cosas que le dice a su madre en el año 1946, pero está justificado por cebar el conflicto que tiene que haber entre ellas.

Y luego está el final, sorprendente, emotivo, apoteótico, original. Un final como hace mucho tiempo no veía ni me conmovía así en un cine.

La música de «Siempre nos quedará mañana» crea la atmósfera

Las canciones han inspirado a Paola Cortellesi para su primera película como directora, ‘Siempre nos quedará mañana’. Por ejemplo, «Nessuno» del dúo Musica Nuda, es un tema de amor que suena mientras el marido maltrata a su mujer, la protagonista. Pero también se ha inspirado en Lucio Dalla y en Daniele Silvestri para otros momentos emotivos de su película.

Me encanta, me flipa, me entusiasma un plano de la película, un prodigio, pero no os quiero robaros la emoción del final haciendo spoiler, no, no, eso ni de coña, Nurita, que amas a tus lectoras.

"Siempre nos quedará mañana": el milagro de una película magnífica sobre una vida no tan bella

«Siempre nos quedará mañana»: el milagro de una película magnífica.

Neorrealismo, fantasía, memoria.

Nunca había visto Roma de esa manera, la ocupación americana, las colas para la comida, la miseria, la posguerra. Había atisbado en La piel de Liliana Cavani basada en la novela homónima de Curzi Malaparte, la realidad de la posguerra en Nápoles: una realidad devastada y terrible, donde los italianos vivían en unas condiciones de subsistencia y una chica depauperada se aferraba a la relación con un soldado americano como pasaporte a una vida no solo mejor sino una vida.

La música y el uso de la cámara lenta estilizan la imagen, en un juego original de baile a dos, las escenas del maltrato a Delia, por ejemplo, no siguen la representación habitual del maltrato machista en el cine que hemos visto.

En este un milagro laico, los guionistas van en contra de las expectativas de la espectadora. Y aciertan.

"Siempre nos quedará mañana": el milagro de una película magnífica sobre una vida no tan bella

«Siempre nos quedará mañana»: el milagro de una película magnífica sobre una vida no tan bella

¿Dónde se puede ver? En el cine.

¿De qué va? Es la historia de Delia, de una mujer maltratada, que quiere una vida mejor para Marcella, su hija.

¿Por qué atrapa? Porque es original, es una historia no contada desde un punto de vista lúcido y brillante, y porque logra emocionar, la cualidad número del cine que me interesa.

"Siempre nos quedará mañana": el milagro de una película magnífica sobre una vida no tan bella

Nuria con su amiga Georgina y un compañero cámara de Sevilla en el Eventoblog de 2007 cubriendo la noticia para Cámara Abierta 2.0

«Siempre nos quedará mañana»: el milagro de una película magnífica sobre una vida no tan bella.

Acodaros que sigue activo el concurso literario en el que regalo «Experimentos con la verdad» de Paul Auster. Es muy fácil. Solo hay que responder a la pregunta: ¿Qué libro de Paul Auster cita mi madre en el post Mañanas de puente en La Malagueta, el día de las malasmadres y mi amiga de la tele, Rocío.

Comparto un extracto de este escritor neoyorquino al que adoro, que responde al nombre de Paul Auster, y que forma parte de mi vida porque sus libros me han acompañado a las duras y a las maduras, y me han hecho vivir grandes momentos como lectora. Descansa en paz, Paul. No has tenido una vida fácil aunque hayas hecho lo que hayas querido y nos hayas dado una viaje por la lectura, por la vida, alucinante.

Vivimos los peores momentos al final del invierno y al principio de la primavera. Los cheques dejaron de llegar, robaron uno de los perros, y poco a poco acabamos con toda la comida de la despensa. Solo nos quedaban, por fin, una bolsa de cebollas, una botella de aceite y un paquete de masa para empanada que alguien había comprado antes de que nosotros nos mudáramos a la casa. Un resto revenido del verano anterior. l. y yo aguantamos durante toda la mañana, pero hacia las dos y media, el hambre pudo con nosotros. Nos metimos en la cocina para preparar nuestro último almuerzo. Dada la escasez de ingredientes con que contábamos, un pastel de cebolla era el único plato posible.

«Después de que nuestro invento permaneciera en el horno lo que nos parecía un tiempo de sobra, lo sacamos, lo pusimos sobre la mesa y le hincamos el diente…»

Si quieres saber más de mí, curiosea mi Twitter.

«Siempre nos quedará mañana»: el milagro de una película magnífica.

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