El arte del guion, según Nuria Verde

Todo lo que quisiste saber sobre el guion de cine y televisión, pero nunca te atreviste a preguntar. Blog de Nuria Verde Hidalgo, periodista y guionista.

Nostalgia por una época que no he vivido en «Mad Men»

Lo que más me gusta de la serie Mad Men es la sensación de crujiente belleza que me inocula. Ver la serie me hace sentir más glamurosa. Provoca que mi piel exude elegancia y mi salón brille con muebles de madera clara y sofás de color pastel. Nostalgia por una época que no he vivido en «Mad Men».

También me imagino que trabajo en agencia «Starling and Cooper» en lugar de en Torrespaña. Me imagino que bebo whisky, sirviéndome del mueble bar, fumo en los trenes de cercanías. Hay una elegancia sencilla, una inocencia consumisma, una ingenua expectativa de nueva era, de oferta variada y hermosa, de imágenes de pura belleza se me tatuan la decada de los años 50 en las retinas.

Mad Men es como pincharse heroína de belleza. Desde Don a Betty, desde Joanne a Peggy, sandwiches envueltos en papel de cera, Coca Colas más bonitas, y Old Fashions y Gimlets lujuriosos. Puro deseo. Aullo de placer brutal cuando veo esa mesa de reuniones llena de gollerías y Bloody Marys. Nostalgia por una época que no he vivido en «Mad Men».

Nostalgia por una época que no he vivido en "Mad Men"
«Mad Men nos hizo vivir como hijos de los 50

El segundo episodio de la primera temporada «El tocador de señoras» tiene una apertura machista a más no poder. Betty cena con Don y su jefe Sterling, su jefe. Sterling cuenta que su hija está yendo a terapia. ¿Qué le pasa? ¿Acaso no lo tiene todo? ¿Qué problema tiene para no ser feliz?

Que ganas tengo de que mi hija sea el problema de otro hombre
Roger Sterling

Don y Roger piden Steak Tartar en un restaurante lujoso, que chorrea disfrute por sus poros. Ya me parece que tengo más estilo. Y sólo llevo diez minutos de capítulo. Es la tercera vez que veo Mad Men de principio a fin.

Nostalgia por una época que no he vivido en "Mad Men"
Don Draper y Joanne Harris forman buena pareja pero nunca llegan a estar juntos en la ficción porque sería demasiado obvio.

La trama de la hija de Sterling es una trama espejo porque a Betty Draper le tiemblan las manos por la ansiedad. Un día, cuando lleva a sus hijos en su coche tiene un accidente. Al final, no pasa nada, sin embargo a Betty lo que más le preocupa es que a su hija le podía haber quedado la cara marcada por una cicatriz. Habría perdido su belleza, el único valor reseñable en una mujer.

Nostalgia por una época que no he vivido en "Mad Men"
Betty y Don Draper. Betty es una mujer anclada en el pasado, que no cambia y sigue aferrada al recuerdo y modelo de su difunta madre.

Los ataques de pánico de Betty

Betty Draper sufre ataques de pánico. Su doctor le dice que no se deben a ninguna causa física y la deriva a un psiquiatra.


Tienen que estar contentos los médicos. Tienen ya una respuesta para cuando no saben qué pasa
Don Draper.

Don Draper miente sobre su identidad y le es infiel constantemente a su mujer, pero no entiende el porqué es infeliz si posee todo lo material que se puede desear en esta vida. Nostalgia por una época que no he vivido en «Mad Men».

Betty tiene una acomodada vida de ama de casa en una urbanización.


Sabes que me preocupo por ti, Betty
Don Draper

El peso de lo material, la importancia de lo externo deberían bastar ¿no? Pero a Betty no le bastan porque sabe que, pese a esa aura de familia perfecta y guapa, vive una mentira con su marido, aunque sea buen padre y un hombre hermoso e interesante.

Nos encontramos ante la explosión del materialismo, consumismo de los años 50 en Estados Unidos cuando se creía, y era dogma universal, que si vivías como un anuncio de la tele tenías, por fuerza, que ser feliz.

Al final Don, aconsejado por Sterling, un mentor turbio y hedonista que no carece de corazón, decide que otro hombre se ocupe de los problemas de su mujer. La lleva a un psiquiatra, al que luego llama para saber que le ha contado Betty durante las sesiones de terapia.

Maravillosa ética deontológica.

El machismo es rampante en el episodio. Los comentarios y chistes sexistas, el dejar a las mujeres confinadas en roles de madres, amas de casa, cosas decorativos, secretarias-chachas y camareras hace ganar realismo y perder glamour a las tramas, en una época en el que estaba bien visto fumar en el ascensor y estando embarazada de ocho meses.

Los años 60 fueron una reacción al convencionalismo de la década de los 50.

Lo más interesante de «Mad Men» es lo que aprendemos de publicidad en la agencia Sterling and Cooper, las estrategias de las campañas, las reflexiones incisivas de Don cuando echa por tierra los sloganes e ideas de sus creativos. Por ejemplo cuando están creando una campaña para una espuma de afeitar para hombre y Don desdeña un diseño que vende el futuro y los viajes a la luna.

-A mucha gente el futuro le da miedo-dice.

Kinsey, un fanático de la ciencia ficción, no lo entiende.

-Vuestras o madres compran esa espuma camino de la charcutería-añade el creativo.

Don es el encargado de ser un aguafiestas, el responsable de atar los pies a la tierra a sus empleados.

Volvamos a la tierra.
¿Qué quieren las mujeres?
Don Draper.

Es una pregunta que intriga a Don. Incluso se la plantea a su amante, que le dice que lo que las mujeres no quieren es ese tipo de preguntas.

Pero todas sabemos lo que queremos las mujeres. Hacer lo que nos de la gana sin dar explicaciones a nadie, tener vida personal y profesional sin tener que sacrificar una por la otra. Tener la misma libertad, independencia, holgura, capacidad de movimiento que los hombres.

No queremos más cosas. Porque a pesar que «Mad Men» nos muestre una sociedad que adora al becerro de oro de la comodidad, ésta en exceso no da la felicidad.

Betty quiere tener las mismas posibilidades en la vida que Don Draper. Está frustrada y aburrida, está hasta los ovarios. Y no puede más. No, no es feliz y se odia a sí misma por no ser feliz «teniéndolo todo».

Nuria Verde, escritora.

Nuria Verde Hidalgo, autora de este blog, ciclotímica y apasionada de la vida. Ama escribir. Recientemente, la escritora y periodista ha publicado, Euforia, (Ediciones Azimut, 2025), y una entre catorce, El tercer hombre (Ediciones Silex, 2024) En 2020 publicó la novela El verdadero tercer hombre (Ediciones del Viento), en 2021 Los crímenes de Atapuerca (Caligrama), y en 2007 publicó Cómo crear una serie de televisión, con Gonzalo Toledano (Ediciones T&B), su primera incursión en la teoría y práctica del guion televisivo. En cuanto a su formación, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense. En 2010, fue finalista en los Premios Goya con su corto, Terapia.
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