
Sinopsis
Málaga 82. Sara Rojas es una adolescente que no tiene amigos. La novela relata la historia de Sara y Margarita, alumnas de BUP en la “insignificante” ciudad de Málaga hace cuatro décadas. Margarita es extrovertida, popular y ha estado con innumerables chicos, pero encuentra su vida exasperantemente aburrida. Sara, por el contrario, es tímida y no ha conseguido tener ninguna relación desde que se mudó con su familia a Málaga hace un año.
Capítulo 25
Fui la primera vez a Inglaterra cuando tenía diez años y aún recuerdo esa sensación de terror, soledad, y a la vez, vértigo al traspasar la frontera. Me acuerdo de pensar que era la más pequeña del grupo, había chicos y chicas de 16, 17 años, y que mis padres no habían ido a despedirme.
Era julio de 1981, el mes en que se casó Lady Di y Carlos.
Me abrumó una sensación en cinemascope de ruido ensordecedor en el aeropuerto de Barajas, en Madrid. Los hijos de la burguesía, hijos de la clase media acomodada, que salian a Gran Bretaña a aprender inglés en una España que había cambiado para siempre.
Habíamos pasado de la Guerra Civil, del hambre y de los bebes que se morían por tuberculosis o por un quiste malhadado en el cuello, de las violaciones, de la taberna donde los hombres gritaban y olían mal, de la siniestra realidad de la posguerra y del hambre a esa salas de facturación, salidas, Aerolineas Argentinas destino Londres, aeropuerto de Gatwick, objetivo: Chesterfield Center, un pueblo donde aprender inglés para aquilatar un futuro y una ventaja competitiva con el resto de españolitos del baby boom.
Allí me encontré con Carmencita y Ramiro, Ramiro me doy el piro, amigos de la Facultad de mis padres. Yo, sin tener ni puta idea de inglés, con la sombra de mi madre es alargada y un muro triste y opresivo, aprovecha esta oportunidad.
Experimentaba la carga de las expectativas. Un ardor en el estómago y la sensación de ir a vomitar mientras disimulaba, histérica, borracha de nervios
Miraba a mi alrededor y sentía unos celos negros de las niñas, la mayoría más mayor que yo, a las que habían ido a despedir sus padres.
Yo, ahí, dejada de la mano de Dios. A la vez con una fulgurante sentación de libertad, de furioso desapego. Esto me da ganas de llorar, pero una vez que lo pase, echaré de menos a mi padre, no a mi madre. Una fría venganza se fraguaba a fuego lento en mis tripas.

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