
Sinopsis
Málaga 82. Sara Rojas es una adolescente que no tiene amigos. La novela relata la historia de Sara y Margarita, alumnas de BUP en la “insignificante” ciudad de Málaga hace cuatro décadas. Margarita es extrovertida, popular y ha estado con innumerables chicos, pero encuentra su vida exasperantemente aburrida. Sara, por el contrario, es tímida y no ha conseguido tener ninguna relación desde que se mudó con su familia a Málaga hace un año.
Capítulo 24
Mi madre me cae mal. Escribe artículos universitarios sobre la matrofobia pero creo que yo sufro de matrofobia hacia mamá.
Ja, ja, ja, qué risa.
No, ya en serio. Se pira con mi padre los veranos viajando por Europa y nunca llama para preguntarme qué tal estoy o qué tal está mi hermana que tiene cólicos de riñón.
Menos mal que tenemos a mi abuela que nos cuida.
Luego ella es la mejor, nunca se equivoca, y tiene tanta ira acumulada que estalla en broncas explosivas si le llevas la contraria.
He aprendido a callarme en casa. Nunca soy lo suficientemente buena.
No me atrevo a decírselo a nadie porque nadie me creería. Me da miedo y vergüenza lo que siento. Además, de puertas para fuera, somos la familia perfecta.
Pero el otro día mientras paseaba al lado del armario de cristal del salón rosa, donde mamá guarda sus premios y trabajos porque ella tiene una carrera profesional y papá no, pensé que si mamá se moría me daría igual. Por una parte sería una liberación. Eso también me duele.
Por su puesto, no le puedo contar a mamá que me he enamorado de Margarita. Por muy inocente que sea la historia. Se reiría de mí. Me criticaría. Me soltaría un bruso sarcasmo y lo cotillearía con mi padre.
-Eres tan rara.
El otro día, mamá me dejó escoger un libro en El Corte Inglés para que leyese. Elegí «Dos damas muy serias» de Jane Bowles.
-Eres tan rara-tono de abierta desaprobación, gesto de fruncir el morro como si hubiese probado vinagre.
Claro, lo decía porque las protagonistas eran lesbianas.
Tengo que tener mucho cuidado o mamá me descubrirá. Entonces, se armará una gorda en casa.
Tengo mucho miedo. Ay, Dios, qué miedo tengo.
La vida no es como las películas.
Ni de coña.
Me siento rara. Me siento muy sola. Me siento un fracaso. Siento que he desperdiciado mi vida. No lo puedo hablar con nadie porque me dirían:
-¿De qué te quejas?
Ni siquiera puedo hablar con mi hermana. Ella es la pequeña y la niña dorada, sobre quien mamá vuelca sus expectativas. Yo soy el chivo expiatorio.
Sólo puedo escribir. Escribo porque lo necesito. Aunque lo que escribo no valga nada.
-Eres un desastre.
-Eres una irresponsable.
-No te puedo dejar sola.
-Siempre la lías.
Me siento culpable y cargada de obligaciones.
Algunas veces pienso en morir para dejarme de sentir así de mal.

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