
Por fin, un true crime diferente. Por fin, una historia criminal que nos hace reflexionar y ver la realidad desde otra perspectiva. ¿Por qué «El caso del Sambre» es diferente al resto de los true crime del mercado del espectáculo y del morbo, de la cultura del sufrimiento y de la violencia contra las mujeres?
«El caso del Sambre»: la cultura de la violación protege al violador.
Me resistía a ver «El caso del Sambre» a pesar de que lo dirigía Xavier Lestrade -el autor de The Staircase-porque desde que Patricia Ramírez, la madre de Gabriel Cruz, ha denunciado y ha protestado contra que el hecho de que usaran el asesinato de su hijo para lucrarse haciendo un true crime, con ese desgarro, con esa desolación tan conmovedoras, he reflexionado y me he dado cuenta de que, ahora, los true crimes me dan grima. Me arrepiento de haberme metido tanta basura en el cerebro sin conciencia alguna porque esa madre tiene razón. Sin embargo, leí una crítica favorable en el diario ARA sobre «El caso del Sambre» en la que escribían que es un true crime diferente porque adopta el punto de vista de la victimas, de hecho, se pone en el lugar de las víctimas, rindiéndoles homenaje, cambiando algunos detalles también de los hechos reales, y me lancé en plancha a su visionado, picada por la curiosidad.
¿Por qué es tan importante el punto de vista en guion? Porque representa la mirada con la que se identifica la espectadora, en mayor o menor medida, y da forma al relato que se cuenta.
Aquí la tesis está clara: las violaciones a mujeres de clase obrera tienen muy poca importancia para la policía. Por eso, el primer capítulo, es el punto de vista de Christine, la primera víctima del violador del Sambre, y su estrés postraumático tras su brutal violación. Lestrade nos cuenta cómo la agresión sexual destroza su vida por completo, sin saber ella muy bien lo que le está pasando porque «no ha pasado nada», «ha tenido usted suerte», «¿quiere poner denuncia?», «ha perdido la consciencia durante la agresión».
He tenido suerte
Los policías le dicen a Christine, machaconamente, que ha tenido suerte. Y eso se lo llega a creer la víctima.
En el relato, no hay ningún morbo, ninguna recreación en la violación y agresión a la mujer a diferencia de toneladas de series. De hecho, Lestrade no muestra la violencia contra las mujeres sino que la espectadora reconstruye lo que ha pasado en su cabeza. Por esa razón, las elipsis del relato resultan interesantes, y la primera imagen, Christine despertando de su pesadilla real a orillas del Sambre, es tan distinta a las de otros thrillers.
La estructura de «El caso del Sambre» es capitular, el primer capítulo gira en torno al Christine, la primera víctima, el segundo, en torno a la jueza que cambia las cosas con su investigación y su interés y el tercero, os confieso que aún no lo he visto.
No hay misterio alguno porque, en seguida, sabemos quien es el culpable. Un tío perfectamente integrado en la sociedad, amigo de sus amigos, y entrenador de fútbol de niños, obrero en una fábrica, padre de familia y marido. Nada de locos ni trastornados.

Chapuza policial
También queda bien claro, en el guion, la falta de sensibilidad, la chapuza integral, la negligencia flagrante de la policía que no detiene al violador por mirar hacia otro lado, porque «estas cosas pasan», porque «no importa», por errores evitables, por un código corporativista por el que los policías -una panda de patanes con placa- se protegen a sí mismos y no hacen nada para ayudar a las víctimas.
La perspectiva de género está muy presente en «El caso del Sambre» porque se conjuga género y clase. No importa porque es una violación a una mujer de clase baja. Sólo una jueza se da cuenta de la importancia del caso, del hecho de que estén conectadas las violaciones a lo largo de tres décadas.
Lestrade consigue el milagro de la ficción: adentrarse en la mente de los personajes, conseguir que participemos en el latir de su vida.
«El caso del Sambre»: la cultura de la violación protege al violador.

¿Dónde se puede ver la serie? En Movistar +.
¿De qué va la serie? A finales de los 80, en el norte de Francia, unas mujeres son agredidas sexualmente en la misma carretera junto al río Samber. Sigue la progresión de la investigación y sus repercusiones desde los años 80 hasta 2018 y el comienzo de la era #MeToo.
Lo mejor: El punto de vista y lo bien que está contada la historia profundizando en lo esencial.
Lo peor: Nada. Te hace sentir. Te hace pensar.
¿Con quién verla? A solas.

Nuria Verde Hidalgo contemplando Torrespaña. Espero que te haya servido de utilidad este post. Si es así, te agradezco mucho si lo compartes. El blog es mi propia ONG y no recibo ningún dinero por ello.
Ah, y no olvidéis, queridas lectoras, que todavía sigue activo el sorteo de Paul Auster en el que regalo un libro del escritor norteamericano, «Experimentos con la verdad». La pregunta que hay que responder: ¿Qué novela de Paul Auster cita mi madre en el post «Mañanas de puente en La Malagueta»? Tenéis hasta el uno de agosto de 2024 para responder. Sorteo nacional.
No os lo perdáis porque es un libro interesante y desconocido del fallecido Auster.
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