
Este verano me vi cien capítulos de «La promesa» con mi madre en Málaga. Una serie que facilite el diálogo intergeneracional siempre me va a parecer bien. Además, si es una ficción televisiva como «La promesa» que está escrita con oficio y con imaginación, con unos personajes encantadores y donde se humaniza a los malos como a La marquesa (al único que no se humaniza es al capitán de La mata) aumenta mi confianza en sus guiones, que coordinan con mano maestra, las guionistas Carmen Llano y Susana Prieto, entre otros. «La promesa»: el melodrama de los de arriba y los de abajo
La promesa es más un melodrama que un folletín, aunque tiene los elementos románticos y cómicos propios de este último género. La serie de RTVE Play bebe de las fuentes de Downton Abbey, ficción de la cadena británica ITV, y de la histórica serie «Arriba y abajo» que vimos en los años 70 en España y fue uno de nuestros primeros contactos con las series británicas de calidad. También aparecen como referencias películas como Gosford Park.
Pero «La promesa» ha sabido hacer algo muy difícil: mantener el pulso diario de la serie sin traicionar a los personajes, sin crear tramas demasiado vistas ni demasiado extravagantes, perfeccionar el género del melodrama, al que sin duda rinde un homenaje sincero con actrices tan imperiales como Marga Martínez, quien interpreta a Petra, y Eva Martín, quien encarna a Cruz de Luján, la marquesa, con secundarios egregios como Joaquín Climent, el actor que interpreta a Rómulo, dando una oportunidad también a promesas jóvenes como Eva Garcés (Jana Expósito).

La actriz que más me ha impresionado, sin duda, es Marga Martínez, que defiende su papel de Petra, haciendo un alarde de verdad estremecedor. Recordaba a Marga, haciendo de madre de la protagonista, en la película «Cinco lobitos», pero no he sido capaz de apreciarla como actriz hasta verla como la desgarradora y malévola Petra, «La marimandrajos» en «La promesa».

¿Dónde ver «La promesa»? En RTVE Play. Es gratuita en España.
¿De qué va? El mundo entero está al borde del abismo, pero hay remansos de paz aislados de los conflictos. Como el Palacio La Promesa, en el valle de Los Pedroches, propiedad de los Marqueses de Luján, uno de los mayores terratenientes del país. Ese día el Palacio se viste de gala para celebrar la boda del heredero, Tomás. Recién terminado el convite, la aparición de un aeroplano atrae la atención de todos. Lo pilota Manuel (Arturo Sancho), hijo de los Marqueses. De repente, el aparato pierde altura hasta estrellarse. Manuel está a punto de ser consumido por las llamas; pero alguien consigue salvarlo: Jana (Ana Garcés). El Marqués le ofrece una recompensa económica, pero ella solo quiere trabajo en el Palacio y tiene un motivo claro: hacer justicia a su madre asesinada hace quince años, e investigar el paradero de su hermano, secuestrado cuando era un recién nacido. Y la única pista que tiene guarda relación con los Marqueses de Luján. Ha llegado el momento de vengarse. Solo hay un elemento con el que no había contado: Manuel, hijo de los Marqueses… y la última persona de la que esperaría enamorarse.
Lo mejor: Los personajes, de los que se encariña una. Los diálogos porque algunos son memorables.
Lo peor: Sostener el pulso diario es difícil. El gran peligro de «La promesa» es que la alarguen demasiado. Aunque ahora mismo se encuentra en un clímax emocional.
¿Con quién verla? Con las madres para comentar la jugada. A solas. La serie es un excelente escape para desconectar de la realidad y de los problemas.

Nuria Verde Hidalgo, autora de este blog, ciclotímica y apasionada de la vida. Ama escribir. Recientemente, la escritora y periodista ha publicado, una entre catorce, El tercer hombre (Ediciones Silex, 2024) En 2020 publicó la novela El verdadero tercer hombre (Ediciones del Viento), en 2021 Los crímenes de Atapuerca (Caligrama), y en 2007 publicó Cómo crear una serie de televisión, con Gonzalo Toledano (Ediciones T&B), su primera incursión en la teoría y práctica del guion televisivo. En cuanto a su formación, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense. En 2010, fue finalista en los Premios Goya con su corto, Terapia.
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