
El muro de la muerte
El muro de la muerte salté
y un jardín encontré
y estabas tú
absoluto tú.
Tu mirada tan pura
sin amargura,
me asaeteó
ya sin duda.

Tienes «Los crímenes de Atapuerca», (Caligrama, 2021) en Wattpad.

El arte del guion, según Nuria Verde
Todo lo que quisiste saber sobre el guion de cine y televisión, pero nunca te atreviste a preguntar. Blog de Nuria Verde Hidalgo, periodista y guionista.

El muro de la muerte salté
y un jardín encontré
y estabas tú
absoluto tú.
Tu mirada tan pura
sin amargura,
me asaeteó
ya sin duda.

Tienes «Los crímenes de Atapuerca», (Caligrama, 2021) en Wattpad.


Reventón de verde vida,
el claroscuro del pasado queda atrás,
el futuro es una incógnita
y el presente, un juego feliz
de mini Homeros en el mar de vino
que me hace nadar y nadar
que me hace amar y amar
en una una sola ola
que me acuna a solas
en un viaje,
interesante triaje
del poder del tiempo
que me supera y lo siento
rápido o lento
me marca la vida,
yo solo quiero vivir
sin nada resistir.
Volver al origen
como una pescadilla que se muerde la cola,
morir en un mar donde no exista la Coca Cola
sólo naturaleza sin pereza
sin mano humana ni queja
yo sola en el océano, el cielo, la sangre , la arena
sin miedo a morir
porque en el mar os encontraré
a todos los que amé.

Tienes algunas de mis novelas en Wattpad.

Vale más la serie que la novela. Hablo de «Los gozos y las sombras». La trilogía homónima de Gonzalo Torrente Ballester es plúmbea y olvidable. La musica inconfundible, que me llena de añoranza de Nemesio Garcia Carril, me envuelve como las llamaradas de la hoguera en el evocador pazo de Carlos Deza en «Los gozos y las sombras».
Carlos es amable y educado, se desgarra de ternura, es bondadoso y culto, no alardea de nada y a todos trata bien. Sin embargo Cayetano encarna al mismo diablo. Sus duelos son épicos.
A mamá no le sale la actriz que interpreta a Inés.
-Isabel Mestre-digo con tono triunfal.
50 puntos para mí.
Carlos se esfuerza en mostrar amabilidad y tratar bien a personajes pesados y plomo como doña Lucía, la mujer de Baldomero, el boticario, la pobre tísica. Carlos teme desairarla si rechaza su propuesta peregrina y lunática de que él vaya al baile del casino y la saque a bailar.
-Y si mi enfermedad no le causa repugnancia-dice doña Lucía.
-Bien, haré todo lo posible por ir aunque no se lo aseguro.
Doña Lucía se le echa en sus brazos.
Carlos y Cayetano no pueden ser hombres más distintos. Son el ying y el yang. Mientras que Cayetano es déspota, violento y cruel, Carlos es un dechado de afabilidad y buen trato.
Los choques entre Carlos y Cayetano se producen desde el primer capítulo de la serie, titulado «El señor llega». Con la venida de Carlos Deza, se genera una expectativa de que haya un cambio de poder en Pueblanueva. Aunque él no tiene ningún interés en jugar a ese turbio y sórdido juego.
Juanito Aldán, amigo de niñez y juegos en el castillo semiderruido, alberga la esperanza:
-Carlos es un hombre culto, avanzado. Las cosas van a cambiar en Pueblanueva.

Carlos va a buscar a Clara al mercado. Ella le dice que hace mucho que no lo ve.
-He estado con muchas cosas-contesta él.
-Si no te lo reprocho. No tenías ninguna obligación de andar conmigo. Pero yo no te lo pedí. No me hubieras hecho esperarte.
-¿Lo hiciste?
-Sí, todos los días. Algunos bajé a comprar pescado sin necesidad, solo por si se te ocurría venir.
-De veras, que lo siento.
-No tienes por qué justificarte y menos con mentiras.
Un silencio de pesar.
-Dejemos las cosas claras. Nos veremos cuando caiga y sin ninguna obligación-dice Clara.
Carlos le propone a Clara ir al baile del casino, pero ella se niega espantada.
-Que esa panda de zorras baje por la cabeza cuando yo pase, por ahí no entro. Sé de otras que han hecho cosas mucho peores que yo.
Clara está celosa de la Galana. Así se lo manifiesta a Carlos.
-Si no encuentras mejor forma de darle en las narices a Cayetano que quitándole a la amiga, allá tú… Me había hecho ilusiones. Creía que habías venido para algo que mereciera la pena.
-Para algo que te mereciera la pena a ti.
Tras un silencio.
-Se que en algún momento te gusté. Siento no haber aprovechado este momento. Es la única cosa buena que he hecho en mi vida-sentencia Clara.
Luego viene el momentazo, en el que Cayetano aka «El gavilán» saca a bailar un tango turbio y sensual a doña Lucía en el casino.
Ella se queda patidifusa, al borde del desmayo más telúrico y abisal.
Mientras bailan el tango.
-Quiero verla a solas-le pìde Cayetano.
-Es usted un exagerado, Cayetano.
-Respóndame, ¿quiere verse conmigo?
-Soy una mujer casada.
-Mañana en Santiago, cuando salga de ver al médico.
-No iré.
-En el hotel Compostela.
Por otra parte, tras hacer el amor, Rosario y Carlos, en la paz tierna al lado del fuego de la chimenea, ella le pregunta:
-Señor ¿y si me quedo embarazada?
-Me caso contigo-responde Carlos mientras le acaricia el brazo.
-No diga eso.
-¿Por qué?
-Ya se lo dije señor, pasaría por tener en su cama un plato de segunda mesa.
-Bueno, si no quieres casarte, te vienes a vivir aquí conmigo.
Que añoranza me da esta serie por la adolescencia gastada, por las ilusiones perdidas, por el tiempo que nos devora y nos mata, por las horas que se desvanecen en el aire y se llevan la inocencia como el viento las pavesas del fuego.
La quedada del zorro Cayetano con doña Lucía en el hotel no es más que una celada del cacique del pueblo, una emboscada que emboza aviesas intenciones:
– ¿Cómo esta?-pregunta Cayetano a doña Lucía.
-Casi muerta. Duraré poco. Pida por mí, Cayetano.
-Le sentará bien un coñac-dice el muy golfo.
Y añade:
-Luego ¿puedo llevarla a dar un paseo en coche?
-Por favor, todo el mundo me conoce
-Un paseo en coche es algo inocente.
-Soy una mujer honrada y una buena esposa.
-Pero se aburre y no es feliz.
-Lo que usted me propone es un pecado.
Doña Lucía y Cayenao van en coche por la carretera del bosque.
-Voy a morir y perderé mi alma.
-Vea si la compensa.
-Cayetano, es usted un monstruo.
-Alabado sea Dios.
-Es usted cruel.
-Le ofrezco ser feliz. En lo demás no me meto.
Cunado él le va a besar los pechos, ella se resiste.
-Respeta mi pudor.
-Con pudor, no hay felicidad posible-dice El gavilán.
Recordaba el final tan cruel del capítulo, el pitorreo de Cayetano contra el marido cornudo, la burla sobre la falta de pechos de doña Lucía que había rellenado sus sujetadores, y es más plana que una tabla y el hondo impacto que me causó de niña, adivinando un mundo adulto cubierto de oscuridades, maldades y telarañas viscosas.
¿Dónde puedes ver «Los gozos y las sombras»? En Rtve Play. Es gratis.

Nuria Verde Hidalgo, autora de este blog, ciclotímica y apasionada de la vida. Ama escribir. Recientemente, la escritora y periodista ha publicado, una entre catorce, El tercer hombre (Ediciones Silex, 2024) En 2020 publicó la novela El verdadero tercer hombre (Ediciones del Viento), en 2021 Los crímenes de Atapuerca (Caligrama), y en 2007 publicó Cómo crear una serie de televisión, con Gonzalo Toledano (Ediciones T&B), su primera incursión en la teoría y práctica del guion televisivo. En cuanto a su formación, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense. En 2010, fue finalista en los Premios Goya con su corto, Terapia.

Tienes «Los crímenes de Atapuerca», (Caligrama, 2021) en Wattpad.


Reconozco que con la madurez he cambiado de gustos en lo que a comedia se refiere. Yo antes era de Friends, de Modern Family, de Big Bang Theory, y de los hermanos Farreley, Algo pasa con Mary, genial, palos y platillos, ja, ja, ja, qué pringado era Ben Stiller, también era muy de Briget Jones, la primera porque luego en cuanto se hizo marca degeneró, y sobretodo era una loca de The Office. Y luego nada. Hacía mucho tiempo que no veía comedia. Me enganché a After Life, que al principio me gustaba. Rick Gervais mola pero también me parecía deprimente, yonkis y esposas muertas, y su frustración periodística era demasiado parecida a la mía cuando trabajaba en mi anterior programa ‘Cáscara Vacía’. No, lo que yo quería era ver una comedia que no me provocase acidez de estómago tras la cena, y todos los rollos adolescentes de bromas sexuales de Netflix no los puedo soportar. Pero, de repente, me acordé de que mi amiga Graci Olayo, magnífica actriz y mejor persona, quien en Estados Unidos ya tendría su serie junto a su hermana gemela Sole, me había recomendado El método Kominsky. Y me dije, una día que estaba muy agotada mental y físicamente, sin ganas de abismarme en un documental bueno pero de abisales oscuridades: voy a darle una oportunidad. Y acerté porque El método Kominsky es una serie genial, brillante, original, y muy muy bien escrita.

El método Kominsky no hace bromas de pajas, sino de próstatas agrandadas, lo cual ya es un soplo de aire freso, tiene a viejales que están estupendos y no han perdido el ingenio ni la ironía ni la amabilidad tarambana como Michael Douglas -yo firmo con llegar a mis 70 y muchos y estar como Michael Douglas— pero que ya son viejales que se mean tras darle un beso en la boca a mujer que les gusta, y no, no es una jovencita, viejales que se ríen de si mismos, compinches, diálogos inteligentes, cascarrabias, juegos lingüísticos y de ingenio, sobre aquello que los hombres no hacen chistes como tener la próstata agrandada o algo peor, mearse en cada esquina, mear con cuenta gotas y tardar mil años, que sus mejores años, sobre todo profesionales, haya pasado y sobre todo que ya tienen más años que la cuesta de la Vega y su juventud se ha esfumado por el callejón de los sueños olvidados.

Luego me pasa que me encanta el mundo de los actores. Me encanta cómo los actores se lo creen, se abren con vulnerabilidad, se entregan, se apasionan incluso cuando ensayan, cuando preparan sus papeles, y también me chifla ver el lado cómico de los actores, con su vanidad, arrogancia y artisteo.
El método Kominsky te da eso y mucho más, con un Michael Douglas, que en el pasado ha sido un actor de cierto éxito, pero ahora es un profesor de interpretación que tiene su propio método, el famoso método Kominsky, que el tío ha sido un fucking winner, y ahora está de capa caída, y su amistad cómplice y cascarrabias y pulla va y pulla viene, con Norman, su agente, interpretado por Alan Arkin.
La serie rezuma una ironía deliciosa, y claro, Michael no es un hijo puta, será un tarambana bon vivant, pero es un tío amable, y Norman, también es un tío amable, aunque gruñón. La pareja me recuerda a Walter Matthau y Jack Lemmon. La extraña pareja es una de las películas con las que más me he reído con mi chico Gonzalo, y pertenece a una época de mi vida en la que fui muy feliz.
Hay una bonhomía en ambos amigos que me recuerda a mi padre que murió hace tres años y era tan amable y tan sainetesco como Michael Douglas en El método Kominsky.
Además, mi padre tenía los mismos problemas de próstata de Sandy. Era cómico, siempre buscando un lugar donde mear, aunque acabara de mear.

Os presento a mi padre, de joven, con Graham Greene, de quien era amigo.

Como Michael Douglas, papá tenía encanto y mucha labia, no estaba en tan buena forma como Michael, es verdad, porque al final tuvo Parkinson, pero, aunque fue profesor, también tenía una vena de actor (había hecho teatro en la Universidad) que utilizaba para la vida. Era un caradura con un encanto que desplegaba con todas las féminas del planeta tierra. Era un tipo con mucha fantasía, y una buena dosis de locura, a veces graciosa, a veces menos, siempre buen conversador. Le encantaba hablar, contar historias y batallas y tener a un público que la mayoría de las veces se reducía a mí.
¿Qué hay que saber sobre el guion de comedia? La mejor definición sobre la comedia la dio John Vorhaus y a mí me parece un descubrimiento.
La comedia es verdad, más dolor.
Ahí cabe mucho. Pero fíjate en lo que te hace gracia y verás que tiene mucho que ver con eso.
También el autor del libro «Cómo orquestar una comedia» dijo:
-No hace falta estar loco para escribir una comedia, pero ayuda.
«El método Kominsky» es verdad más dolor, pero qué maravillosa forma tiene Chuck Lorre, su creador, de venderte la historia, qué humanidad, y qué tierna ironía.

El método Kominsky es el mejor método para envejecer, riéndonos de nuestra propia sombra y sobre todo de nuestras pequeñas indignidades que todos, tarde o temprano, tendremos.
Volviendo a Vorhause, también la risa, duele. Como dice Norman en la serie:
—Ser humano duele.
Joder si duele Norman, tigre.
Una palabra muy de mi padre: tigre.
Todos los días echo de menos de mi padre, quien también era un viejo cascarrabias, a veces difícil, con quien me he reído, no sé las veces para no llorar.
La muerte es tan vertiginosa, viene tan callando, la vida es tan frágil que no nos tiene que dar miedo escribir porque en cualquier momento moriremos, y frente a la inminente muerte cualquier pánico escénico creativo es ridículo.
Te recomiendo «El método Kominsky» de todo corazón.


Nuria Verde Hidalgo, autora de este blog, ciclotímica y apasionada de la vida. Ama escribir. Recientemente, la escritora y periodista ha publicado, una entre catorce, El tercer hombre (Ediciones Silex, 2024) En 2020 publicó la novela El verdadero tercer hombre (Ediciones del Viento), en 2021 Los crímenes de Atapuerca (Caligrama), y en 2007 publicó Cómo crear una serie de televisión, con Gonzalo Toledano (Ediciones T&B), su primera incursión en la teoría y práctica del guion televisivo. En cuanto a su formación, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense. En 2010, fue finalista en los Premios Goya con su corto, Terapia.
Si te ha gustado el capítulo, compártelo con alguien que creas que lo disfrutará. Te estoy muy agradecida. Me ayudas mucho.
Si quieres conseguir la novela “Los crímenes de Atapuerca” pincha aquí.
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Me resistía a ver «Un pequeño mundo» aunque ya la había visto estrenada en Movistar + y había llamado mi atención porque sabía que iba a sufrir. Una historia de bullying, un chaval de diez años, soy madre y tengo un hijo de esa edad, y mis neuronas espejo trabajan a pleno rendimiento. Un pequeño mundo»: en nombre del hermano.
Por fin he visto la película y me ha sorprendido. Está contada desde el punto de vista de la hermana pequeña del niño acosado por unos compañeros de clase, Nora, que tiene siete años y es nueva en el cole. La cámara se baja a la altura de sus ojos, y la realidad es tan aterradora y sórdida que se torna en imágenes difuminadas, subiendo el volumen de los gritos y las frases entrecortadas de los otros, que habitan ese mundo peligroso y a veces insoportable del colegio, del que los adultos desconocen todo.
Nora entra en primaria y poco después descubre el acoso que sufre su hermano mayor, Abel. Nora se debate entre la necesidad de integrarse y ayudar a su hermano, que le pide que guarde silencio.
Nora marca la diferencia en esta historia tan cruda como real, tan dolorosa como triste y sangrante del acoso escolar a un chaval de diez años, Abel, hermano de Nora.
Lo mejor de la película son los protagonistas Nora y Abel, dos hermanos metidos en un infierno que se llama colegio, donde rige un mal banal.
Nora es nuestra pequeña heroína, llora y está nerviosa, es nueva en el cole, pero en cuanto se da cuenta de que unos matones pegan y humillan a su hermano, hace todo lo posible para salvar a su hermano, que no quiere ser salvado, que se ha dado por vencido, que se ha convencido de que no se puede hacer nada.
Pero Nora tambien sufre el conflicto interior de no querer ser tratada como una paria por sus compañeras al asociarla con su hermano, sus ganas de socializar y tener amigas, la zozobra, confusión y pena que le provocan el sufrimiento de Abel y su convicción a pesar de lo pequeña que es de que su hermano se ha paralizado.
-No te sabes defender, Abel-dice Nora a su hermano.
Nora atraviesa su propia tormenta interior y pasa de defender a su hermano, a ignorarlo, a enrabietarse con él, a compadecerlo y guiarlo.

Los ojos de Nora son nuestro faro en un sistema escolar donde demasiados sufren en el silencio de la desesperación.
Laura Wandel muestra el colegio como un campo de minas para los inocentes, el mal son los otros, y la crueldad sin límites, la indiferencia adulta.
Está genial el personaje del padre de Abel y Nora, aunque solo es marginal. Sus buenas intenciones, el cuidado a sus hijos, lo que pesa socialmente el estar parado, su preocupación.
Aunque en el albero del fango de la realidad desnuda y atroz, solo están Nora y Abel, encerrados en las trincheras del sufrimiento en un patio de recreo.
La cámara no rebasa sus miradas, y no muestra el contraplano de sus ojos, la agresión exterior, solo un plano corto sobre la cara. No se necesita más.
Los adultos aparecen muy pocas veces. Los niños están solos y los más fuertes agreden a los más débiles.
-Te pegan porque te ven débil-dice Nora a Abel, cuya indefensión aprendida nos taladra el corazón.

-Por tu culpa estoy sola-dice Nora a Abel cuando se da cuenta de que sus amigas le dan de lado.
Nora niega a su hermano como Pedro a Jesucristo porque no quiere que le arrastre en su desgracia.
¿Es «Un mundo pequeño» la mejor película que hay sobre el bullying? Sí.
Sin ninguna duda. Se tendría que poner en todos los colegios, en todos los institutos.
Hay muchas razones para conseguir tal logro, pero destacaré sólo dos: el punto de vista de la historia que reside en Nora, y no en el niño acosado, y el plano final que cierra la película, una maravilla.
Un alegato a favor del afecto y la solidaridad para no caer en el abisal oceáno negro de la indiferencia del mal. Un pequeño mundo»: en nombre del hermano.
Puedes ver «Un pequeño mundo en Movistar.

Nuria Verde Hidalgo, autora de este blog, ciclotímica y apasionada de la vida. Ama escribir. Recientemente, la escritora y periodista ha publicado, Euforia, (Ediciones Azimut, 2025), y una entre catorce, El tercer hombre (Ediciones Silex, 2024) En 2020 publicó la novela El verdadero tercer hombre (Ediciones del Viento), en 2021 Los crímenes de Atapuerca (Caligrama), y en 2007 publicó Cómo crear una serie de televisión, con Gonzalo Toledano (Ediciones T&B), su primera incursión en la teoría y práctica del guion televisivo. En cuanto a su formación, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense. En 2010, fue finalista en los Premios Goya con su corto, Terapia.

Si te ha gustado el capítulo, compártelo con alguien que creas que lo disfrutará. Te estoy muy agradecida. Me ayudas mucho.
Si quieres curiosear más sobre mí, échale un vistazo a mi Twitter.
Un pequeño mundo»: en nombre del hermano.

En la primera secuencia de la película, «Marty» ya se presenta al personaje y se plantea el principal conflicto del guion que escribió Paddy Chayefsky. Ernest Borgnine, el actor que interpreta a Marty, es un carnicero buenazo y sumiso al que sus clientas avasallan preguntándole cuándo demonios se va a casar, que ya tiene treinta y cuatro años y todavía vive con su madre. Es la peli favorita de mi chico, Gonzalo. Juntos la hemos visto cientos de veces durante noches infinitas de vino y rosas. «Marty»: una brecha en los guiones de Hollywood.

No soy del tipo del que les gusta a las mujeres
Marty
Marty está soltero, es más, nunca ha tenido novia, también es virgen o, al menos, este hecho está abierto a la interpretación. A mí me da la sensación de que es así. No tiene hijos, es feo, y está gordo. Lleva tiempo luchando como un condenado que apesta a desesperación por salir con una chica, pero pincha en hueso, hasta que, al final, Marty adopta una actitud de triste resignación. Ernest Borgnine encarna la teoría psicológica de «La indefensión aprendida» de Martin Seligman. El carnicero cree que de todos sus esfuerzos no sacarán ningún rédito, así que prefiere quedarse en casa viendo la televisión a ir a un baile lleno de chicas en los que sufrirá un nuevo rechazo de alguna de ellas cuando les pregunte si quiere bailar. «Marty»: una brecha en los guiones de Hollywood.
¿Sabes lo que voy a sacar de ese baile? Una noche de tristeza
Marty es uno de los nuestros, un tipo de barrio, que huele a imperfección y frustración, que se conforma, un hombre bueno que ha antepuesto las necesidades y deseos de su familia -sin que haya tenido que pedírselo-a los suyos propios.
El carnicero tan alejado al psicópata, del personaje de la película «El carnicero», de Claude Chabrol. El carnicero no tiene suerte en el amor. Nunca ha sido correspondido en el azar sentimental. Al final, se ha convertido en un juego de lágrimas, y ya ha tirado la toalla. El amor no es para Marty por mucho que se esfuerce, por la mejor voluntad que le ponga, su caracter manso, su físico tosco, le limitan. Él vive en un barrio italiano de Brooklyn y las chicas parece que vivan en Manhattan aunque habiten en su misma calle. Pero lo peor es que nosotros somos Marty.

El guion de Paddy Chayefsky abrió una brecha en la forma en la que se escribían los guiones de las películas de Hollywood. El guionista acercó las historias a la realidad, dio vida a las personas de su barrio, de su familia, de su ambiente. Y los clavó.
Marty le debe la vida a los demás, está vivito y coleando en el mundo para prestar dinero a los amigos, acoger a una tía en su casa porque su propio hijo no la quiere en la suya, para escuchar las penas de vecinos y amigos, y a pesar de que había sido admitido en la Universidad se puso a trabajar en una carnicería «porque con tres hermanas solteras, ¿qué iba a hacer?» tras la muerte repentina de su padre. Ernest Borgnine es el segundón, carne de soltería, pasto de soledad junto a su madre, de noches en el bar en el que lee el periódico junto a su amigo Angie, es ese tío al que nunca invitan a la fiesta del amor ni tiene la guinda del pastel del cariño físico.
¡Soy feo y gordo! Nadie me quiere.
Marty
Su madre le anima a que le vaya al baile a conocer chicas, guayabitas, como dice ella. Pero Marty se resiste. Al final el italiano vulnerable y tierno se deja convencer por su Mamma y se pone de punta en blanco. En la pista del baile, su amigo Angie invita a una chica a bailar y esta le dice que sí. Marty se queda solo. Pide que baile con él a una chica, pero le da calabazas. Paralelamente, vemos a dos hombres que entran en el baile con dos chicas. Uno de ellos es el novio de una de ellas, el otro, el amigo canalla y espabilado, está decepcionado con la cita que le ha tocado en suerte.
Marty es un carnicero solterón que todavía vive con su madre. Suele salir con frecuencia con sus amigos por la noche, intentando encontrar a alguna chica con la que compartir su vida y hacer planes para el futuro.
Solo tengo libre un sábado cada dos semanas. Esperaba otra cosa.
Amigo canalla
El amigo caradura se encuentra con una amiga más atractiva que Betsy Blair y le da plantón a la chica. Antes, el bigardo intenta sobornar a Marty ofreciéndole cinco dólares si acompaña a su cita de vuelta a casa al acabar el baile. Marty se niega. Sin embargo, el carnicero invita a Betsy a bailar, tras percatarse del bochorno y de la vergüenza que la muchacha está pasando.
-Yo no veo a Betsy Blair fea-digo a mi chico.
-Al lado de Ernest Borgnine es una belleza-responde él.

Nuria Verde Hidalgo, autora de este blog, ciclotímica y apasionada de la vida. Ama escribir. Recientemente, la escritora y periodista ha publicado, una entre catorce, El tercer hombre (Ediciones Silex, 2024) En 2020 publicó la novela El verdadero tercer hombre (Ediciones del Viento), en 2021 Los crímenes de Atapuerca (Caligrama), y en 2007 publicó Cómo crear una serie de televisión, con Gonzalo Toledano (Ediciones T&B), su primera incursión en la teoría y práctica del guion televisivo. En cuanto a su formación, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense. En 2010, fue finalista en los Premios Goya con su corto, Terapia.
Tienes otras de mis novelas en Wattpad.

Stutz es un ejercicio de vulnerabilidad. Stutz me enseña a cuidar de mi salud mental, no sólo dándome herramientas que las da, sino haciéndome consciente de mi propia fragilidad, de mi propia fortaleza. «Stutz»: un psiquiatra que nos enseña a vivir mejor.
Stutz me recuerda a mi relación con mi psicóloga Lucía Boto, a quien estoy tan agradecida de corazón.
¿Por qué hay que ver «Stutz» en Netflix? Porque es genial. Porque te va a aportar muchas ideas, mucha intimidad, mucha crudeza. Así es la vida: cruda y salvaje. Imprevisible.
Stutz nos habla de la herramienta para fortalecer la fuerza vital. ¿Y qué es eso? Bueno, ya he escrito un post sobre el tema. Os remito al artículo. Aunque os dejo una pista visual, y el trazo tembloroso del dibujo se debe a que Stutz tiene Parkinson.

“Él genera un vínculo con su paciente. Al inicio, en el documental, se habla de que el objetivo es compartir las herramientas del actor en su vida, pero al final menciona algo totalmente distinto, pues se honra la relación entre ambos. Eso me parece mucho más sanador”.

¿Dónde puedes ver «Succesion»? En HBO.
¿De qué va? Sigue a Hill y su terapeuta, que mantienen una serie de charlas honestas sobre la salud mental y el empeoramiento progresivo de los ataques de ansiedad relacionados con la promoción del cine que ha convertido el trabajo de sus sueños en una pesadilla.
¿Dónde puedes ver «Succesion»? En HBO.
Lo mejor: su humanidad.
Lo peor: tienes que creer en la terapia psicológica.
¿Con quién verla? A solas.


Nuria Verde Hidalgo, autora de este blog, ciclotímica y apasionada de la vida. Ama escribir. Recientemente, la escritora y periodista ha publicado, Euforia, (Ediciones Azimut, 2025), y una entre catorce, El tercer hombre (Ediciones Silex, 2024) En 2020 publicó la novela El verdadero tercer hombre (Ediciones del Viento), en 2021 Los crímenes de Atapuerca (Caligrama), y en 2007 publicó Cómo crear una serie de televisión, con Gonzalo Toledano (Ediciones T&B), su primera incursión en la teoría y práctica del guion televisivo. En cuanto a su formación, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense. En 2010, fue finalista en los Premios Goya con su corto, Terapia.
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En la adaptación a guion de serie de la novela «Patria» de Fernando Aramburu observo que la acción dramática está concentrada en algunos escenarios (el piso de Bitori en el pueblo), por ejemplo, cuando Xavi llama al hospaital para preguntar cómo está su padre, el Txato, tras ser titoteado por un pistolero de la banda terrorista ETA. En la novela, Xavi no quiere mirar a los ojos a Bitori, su madre, para que no descubra tan pronto la dolorosa verdad, su padre está muerto, aunque por teléfono ya le han confirmado el fallecimiento de su progenitor, el hijo miente a su madre, y le dice que va a ir Urgencias, su padre está grave, y ya la informará. En la serie no sucede así por razones de economía dramática. Xavi rompe a llorar, y Bitori se une a su duelo, abrazándole, desconsolada. Las claves de la adaptación a guion de «Patria» II.
Otras partes del libro del escritor vasco Fernando Aramburu están adaptados de forma muy fiel a su versión guionística. Por ejemplo, cuando Aramburu narra cómo la policía captura a Koldo, uno de los miembros del que será el comado Oria, en San Sebastián y Joxe Mari y Jokim tienen que huir saltando por los tejados o el entrenamiento paramilitar de ETA del hijo de Miren y Jokin, la ayuda de Gorka a su hermano, su estancia en una granja de Bretaña, la reacción de Nerea de negación y escape ante el asesinato de su padre, las conversaciones de don Serapio con Miren animándola a apoyar a su hijo en la lucha por la liberación de Euskalerria, los viajes de autobús de Miren a la prisión del Puerto de Santa María para ver a Joxe Mari, encarcelado.
Sin embargo, hay una gran diferencia entre el guion de la serie «Patria» y la novela homónima cuando se aborda la trama del interés de Bitori por saber si el asesino del Txato es Joxe Mari, el hijo de su ex mejor amiga. La primera secuencia, cuando Bitori va a hablar con Joxian en su huerta para preguntarle si puede responderle si su hijo es el asesino de su marido, y Joxian le recomienda que lo deje estar, que lo olvide, que no remueva más el pasado, es igual que el libro y está muy lograda, por el guion y por la interpretación de los actores, Elena Irureta que encarna a Bitori, y Mikel Laskurain que da vida a Joxian. Sin embargo, todo cambia cuando después de contarle lo que ha pasado Joxian a Miren, ésta visita a Joxe Mari en la cárcel, y le habla de la pregunta de Bitori, enseñándole la mano extendida sobre el cristal del locutorio con la frase escrita a boli: «¿Fuiste tú?». En la novela, Aramburu resuelve la historia a través de cartas que Bitori y Arancha escriben a Joxe Mari que está en prisión. Miren no sabe nada. Entiendo que las misivas son un recurso poco visual y dramático.

Mención aparte merecen las dos actrices protagonistas, Elena Irureta que interpreta a Bitori, y Ana Gabaraín, que encarna a Miren. Claro, si falla el tono, el gesto, el punto justo de los dos personajes que sostienen la historia, se pierde gran parte de un guion, que está muy medido. Pero ambas ofrecen una interpretación absolutamente creíble que apuntala la excelente realización de Felix Viscarret y el logrado guion de Aitor Gabilondo.

¿Dónde puedes ver «Patria»? En HBO.
¿De qué va? Basada en la novela de Fernando Aramburu, que abarca 30 años del conflicto vasco y estudia el impacto del mismo sobre la gente común, como la viuda de un hombre asesinado a tiros por la banda terrorista ETA, que vuelve a su pueblo natal tras el alto el fuego de 2011, o la madre de un etarra encarcelado.
Lo mejor: es un relato muy potente y creíble.
Lo peor: al leer la novela, me había imaginado a algunos personajes como Javier , Nerea, José María, de forma diferente. Es inevitable.

Nuria Verde Hidalgo, autora de este blog, ciclotímica y apasionada de la vida. Ama escribir. Recientemente, la escritora y periodista ha publicado, Euforia, (Ediciones Azimut, 2025), y una entre catorce, El tercer hombre (Ediciones Silex, 2024) En 2020 publicó la novela El verdadero tercer hombre (Ediciones del Viento), en 2021 Los crímenes de Atapuerca (Caligrama), y en 2007 publicó Cómo crear una serie de televisión, con Gonzalo Toledano (Ediciones T&B), su primera incursión en la teoría y práctica del guion televisivo. En cuanto a su formación, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense. En 2010, fue finalista en los Premios Goya con su corto, Terapia.
Las claves de la adaptación a guion de «Patria» II.

«Wasteland» es una serie checa tan deprimente como buena, nacida en las factorías creativas de HBO Europa. La desolación del poscomunismo, la amenaza del capitalismo, una región rural anclada en la falta de futuro, la intención de una empresa de explotar una mina de carbón expropiando las casas de los habitantes de Pustina más allá de toda limitación medioambiental. Y una segunda trama muy poderosa: la desaparición de Misha, la hija de la alcaldesa del pueblo. «Wasteland»: una serie tan deprimente como buena
Hay una tonelada de devastación moral: niños delincuentes en reformatorios, alcoholismo, drogas, prostitución y depresión que cotizan al alza. Pero me creo a todos los personajes, todas las tramas. Su drama y su realismo rezuman verdad.

¿Dónde se puede ver «Wasteland»? En HBO.
Lo mejor: su verdad.
Lo peor: tienes que estar de humor ante tanta dureza.

Nuria Verde Hidalgo, autora de este blog, ciclotímica y apasionada de la vida. Ama escribir. Recientemente, la escritora y periodista ha publicado, Euforia, (Ediciones Azimut, 2025), y una entre catorce, El tercer hombre (Ediciones Silex, 2024) En 2020 publicó la novela El verdadero tercer hombre (Ediciones del Viento), en 2021 Los crímenes de Atapuerca (Caligrama), y en 2007 publicó Cómo crear una serie de televisión, con Gonzalo Toledano (Ediciones T&B), su primera incursión en la teoría y práctica del guion televisivo. En cuanto a su formación, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense. En 2010, fue finalista en los Premios Goya con su corto, Terapia.

La serie es la nueva «Mare of Easttown», sólo que no pasa en Pensilvania sino en un degradado barrio de Filadelfia, donde deambulan almas perdidas por el fentanilo y la oxicodona, en una historia que gira en torno a la crisis de los opioides en Estados Unidos. Me hace acordarme de la familia Sackler, y del libro «El imperio del dolor» de Patrick Radden sobre cómo se enriqueció matando a un montón de gente con las pastillas derivadas de la morfina contra el dolor. No causa adicción, clamaban los Sackler. Un montón de mentiras y devastación y desolación en demasiadas vidas perdidas. «El largo río de las almas»: más drama que policiaco en el laberinto de la adicción.
Un turbulento viaje al mundo de las adicciones. En un barrio de Philadelphia sacudido por la crisis de opioides, dos hermanas antaño inseparables se encuentran en una encrucijada. Una de ellas, Kacey, es una adicta que vive en la calle. La otra, Mickey, es policía y patrulla por esas mismas calles en su ronda. Ya no se hablan, pero Mickey nunca deja de preocuparse por su hermana. Un día, Kacey desaparece al tiempo que comienza una misteriosa serie de asesinatos en el distrito de Mickey, quien se obsesiona con encontrar al culpable (y a su hermana) antes de que sea demasiado tarde. Alternando un misterio en el presente con la infancia y la adolescencia de las dos hermanas, «El largo río de las almas» logra al mismo tiempo acelerarte y encogerte el corazón: un drama que ahonda en la adicción y los formidables lazos que perduran entre la familia.
La serie es mucho más drama que historia policiaca, es más trauma que suspense. Amanda Seyfried levanta este dramón familiar, bien estructurado, que se hace lento en demasiadas ocasiones y al que le sobran un montón de flashbacks de las dos hermanas. Se agradece que Mickey, la prota, no sea una detective sino una agente de calle, pero me da la sensación de que a la serie le falta algo, profundidad, verdad, algo importante que tenía Kate Winslet en «Mare of Easttown».

¿Dónde puedes ver «El largo río de las almas»? En Movistar +
Lo mejor: Amanda Seyfried.
Lo peor: Un guion muy moroso y trabado.
Veremos lo que da de sí «El largo río de las almas». De momento, lo mejor es que es una miniserie de ocho capítulos. Voy por el cuarto.


Nuria Verde Hidalgo, autora de este blog, ciclotímica y apasionada de la vida. Ama escribir. Recientemente, la escritora y periodista ha publicado, Euforia, (Ediciones Azimut, 2025), y una entre catorce, El tercer hombre (Ediciones Silex, 2024) En 2020 publicó la novela El verdadero tercer hombre (Ediciones del Viento), en 2021 Los crímenes de Atapuerca (Caligrama), y en 2007 publicó Cómo crear una serie de televisión, con Gonzalo Toledano (Ediciones T&B), su primera incursión en la teoría y práctica del guion televisivo. En cuanto a su formación, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense. En 2010, fue finalista en los Premios Goya con su corto, Terapia.
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Es una de las historias de amor más conmovedoras del cine reciente, la que protagonizan Allison y Nathan, que forman un buen equipo y están a punto de casarse cuando sucede una tragedia porque las tragedias suceden. Las vidas de ambos se quiebran. El compromiso se rompe. La pareja se separa.
-Atesoro cada momento de mi vida en el que estás tú-dice Allison.
-Aún quería casarme conmigo-responde Nathan.
-Pero desaparecí, Nathan. No sabía cómo afrontar mi dolor.
-Aún te quiero.
-Yo también te quiero,
Hubieran tenido una buena vida juntos. Pero esa vida se ha esfumado como una niebla soñada e irreal, como una melancolía rosada y húmeda.

¿De qué va «Una buena persona»? La vida de la joven Allison (Florence Pugh) sufre un giro drástico tras provocar involuntariamente un accidente de tráfico en el que muere la hermana de su prometido y su marido. Tremendamente afectada por esta tragedia, Allison se siente incapaz de continuar con su vida. Sin embargo, la inesperada amistad con el padre (Morgan Freeman) del que fue su prometido hará que encuentre su fuerza de nuevo.
Lo mejor: es muy sentimental.
Lo peor: es muy sentimental.

Adscrita a una tendencia de cine-terapia sustentada por grandilocuentes lecciones vitales, la película sigue el patrón del drama de adicciones y crisis existenciales sin cuestionarlo demasiado. Aun así, Braff consigue suficientes hallazgos, especialmente sus toques de comedia y su reflexión sobre la culpa y las segundas oportunidades que surgen de la tragedia central de la historia. A pesar de caer en ciertos clichés, ‘Una buena persona’ consigue momentos de emoción genuina en su busca desesperada del significado tras su título: qué supone ser un ser humano decente cuando la más pequeña de nuestras faltas puede tener consecuencias catastróficas.

Nuria Verde Hidalgo, autora de este blog, ciclotímica y apasionada de la vida. Ama escribir. Recientemente, la escritora y periodista ha publicado, Euforia, (Ediciones Azimut, 2025), y una entre catorce, El tercer hombre (Ediciones Silex, 2024) En 2020 publicó la novela El verdadero tercer hombre (Ediciones del Viento), en 2021 Los crímenes de Atapuerca (Caligrama), y en 2007 publicó Cómo crear una serie de televisión, con Gonzalo Toledano (Ediciones T&B), su primera incursión en la teoría y práctica del guion televisivo. En cuanto a su formación, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense. En 2010, fue finalista en los Premios Goya con su corto, Terapia.
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Queridas lectoras: comparto con vosotras el capítulo nueve de mi novela «Los crímenes de Atapuerca». El crimen más terrible de Atapuerca. Os recuerdo la historia:
A Miriam Sinaloa, una estudiante de 16 años que visita en yacimiento de Atapuerca, la asesinan dentro de la Sima de los Huesos.
La inspectora Luisa Baeza dirige la investigación del asesinato de la adolescente mientras se enfrenta a una profunda crisis personal y se obsesiona con un caso en el que busca una redención.
Hay secretos que no puedes enterrar para siempre.
Amaneció una mañana preciosa. Un cielo despejado, de un azul delicado como si Dios lo hubiera pintado con sus propias manos. La sierra resplandecía verde brillante, empapada en rocío. Los bosques de encinas y robles se agitaban bajo una suave brisa.
Después de descubrir el cadáver de Miriam y responder a unas preguntas de la policía, Andrea y yo nos fuimos a la casa que Max tenía en la sierra de Atapuerca. Pero yo no pegué ojo en toda la noche. El insomnio y los fantasmas me mordieron la mente hasta que no pude más y me levanté, exhausta. A mi lado, Andrea dormía como un lirón, ajena a mi angustia.
Cuando cerraba los ojos, me venían a la memoria, en vertiginosas y envenenadas ráfagas de imágenes, la cara de Miriam pegajosa de sangre, con los ojos desorbitados, las moraduras en su cara, el pelo negro empapado de sangre coagulada y negra. Esos recuerdos se mezclaban con otros jirones de mi pasado que había intentado olvidar, pero había sido inútil. Yo abriendo la puerta de la habitación de papá. Papá tendido en el suelo, inconsciente, con una espuma blanca saliéndole por la boca, bajo un gran charco de sangre oscura que se oscurecía sobre las baldosas de mármol color salmón. La ansiedad latió en la base de mi garganta con su ritmo sin aire, con su tono siniestro. Papá se había tomado setenta Orfidales. Inconsciente, se había caído de la cama al suelo, donde se había golpeado la cabeza con la pata de mi mesa de estudio, la mesa en la que yo había preparado mis exámenes de Matemáticas, Historia y Literatura durante mi adolescencia, la mesa frente a la que yo había pasado horas y horas hincando los codos, tratando de escribir una novela frente a mi cuaderno y fracasando en el intento.

Por fin, harta de mi depresión silente, harta de estar en la cama dando vueltas, anhelando un descanso que no llegaría, decidí levantarme. Fui a la cocina vacía. Toda la casa dormía. Me preparé un café. Me lo bebí de pie ante la ventana con vistas al jardín que Max había plantado cuando se construyó la casa. A Max le encantaba trabajar la tierra, le encantaba ensuciarse las manos, cavar, arar, plantar, regar, escardar, rastrillar.
Max había nacido y crecido en un pequeño pueblo del Pirineo catalán, Tallül. Sus padres eran campesinos. Allí, de niño, Max se había metido en las cuevas de la montaña acompañado de su abuela y había desenterrado fósiles, los había estudiado y coleccionado. Su habitación era un cúmulo de huesos de osos, fragmentos de cráneos humanos que había excavado, cuchillos de sílex. Una tarde encontró hasta un bifaz tallado en piedra, perteneciente al periodo Achelense.
Durante el invierno, el jardín lo cuida Martín, un chico de Ibeas de Juarros que viene una vez por semana a regar, a quitar las malas hierbas, a rastrillar las hojas que se acumulan en el césped, a podar los árboles cuando toca.
En su jardín, Max creó su propio paraíso, su Arcadia particular. Plantó todas las especies arbóreas que se le antojaron. Hay árboles frutales: limoneros, naranjos, nísperos, manzanos, mandarinos, perales. Hay olmos, magnolios, cipreses, cedros del Líbano, nogales, avellanos, robles, cedros del Atlas, bojes, eucaliptos, enebros sirios, laureles, aligustres, mahonias, castaños de Indias, cedros del Himalaya y cipreses de Portugal.
Max, arrebatado por su entusiasmo maníaco, impulsado por su energía desbordante, incansable, llegó a plantar también un tejo y un gingko biloba, cuyas hojas se ponen amarillas en invierno. Es un jardín maravilloso.
Abro la puerta de la cocina y salgo al porche con suelo de losas de piedra. Estoy descalza. El suelo está frío. ¿Qué le voy a decir a la policía? Porque la policía va a venir a interrogarnos a Andrea y a mí enseguida. Es cuestión de minutos, de horas a lo sumo. Puede que la inspectora Baeza ya esté de camino hacia nuestra casa. Hará muchas preguntas. Querrá saber la verdad. Querrá saber lo que vi. ¿Y qué vi exactamente? Los recuerdos se tornan confusos en mi cabeza aturdida. Solo hay una cosa que voy a ocultar a la policía. Andrea me lo ha pedido como favor y yo le he dicho que sí.
Ayer llegamos a las tres de la mañana a casa. Estábamos agotadas. Bebimos agua como dos desesperadas, nos duchamos, nos pusimos el pijama y nos servimos una copa de vino de una botella de Alión mediada que había sobre la encimera de la cocina. Yo quería irme a la cama enseguida, estaba exhausta, pero Andrea insistió en que descargáramos los clips de las tarjetas de nuestras GoPro y viéramos su contenido en nuestro Mac portátil.
Nos sentamos frente a la mesa de la cocina y contemplamos los planos que habíamos grabado hacia unas horas cuando encontramos el cadáver de Miriam Sinaloa dentro de la Sima de los Huesos.
—¿No te registró la policía?
Andrea negó con la cabeza.
Qué inútiles, por favor. La policía real es menos eficaz que la que sale en las series de televisión. Menuda chapuza. La cantidad de asesinos que andarán sueltos por ahí, la cantidad de equivocaciones, de errores letales que se habrán producido a lo largo de los años en las investigaciones policiales, la cantidad de inocentes que estarán encerrados en las cárceles injustamente. Me estremecí.
La luz de nuestras linternas se proyectaba en la cámara funeraria de la Sima. El cadáver de Miriam sobre un gran charco de sangre en los tablones de madera, los gritos y el horror como brochazos rojos en el cerebro, el escalofrío y una sombra que se perdía en el corredor del fondo. ¿Quién era? No le reconocí la cara. Solo era un bulto. Pero supe que era el asesino. El corazón me latió muy deprisa. Me sobresalté. Paré con el puntero del ratón el vídeo. Rebobiné las imágenes. Me fijé en una débil luz titilante que había al fondo de un ramal de la sima. Me recorrió un escalofrío frío por la espina dorsal
—¿Esta salida no estaba ciega? —pregunté a Andrea.

Nuria Verde Hidalgo, autora de este blog, ciclotímica y apasionada de la vida. Ama escribir. Recientemente, la escritora y periodista ha publicado, Euforia, (Ediciones Azimut, 2025), y una entre catorce, El tercer hombre (Ediciones Silex, 2024) En 2020 publicó la novela El verdadero tercer hombre (Ediciones del Viento), en 2021 Los crímenes de Atapuerca (Caligrama), y en 2007 publicó Cómo crear una serie de televisión, con Gonzalo Toledano (Ediciones T&B), su primera incursión en la teoría y práctica del guion televisivo. En cuanto a su formación, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense. En 2010, fue finalista en los Premios Goya con su corto, Terapia.
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Queridas amigas: comparto con vosotras el capítulo 8 de mi novela «Los crímenes de Atapuerca». Os recuerdo la historia. El crimen más escalofriante de Atapuerca.
A Míriam Sinaloa, una estudiante de 16 años que visita en yacimiento de Atapuerca, la asesinan dentro de la Sima de los Huesos.
La inspectora Luisa Baeza dirige la investigación del asesinato de la adolescente mientras se enfrenta a una profunda crisis personal y se obsesiona con un caso en el que busca una redención.
Hay secretos que no puedes enterrar para siempre.
Carla, angustiada, corre hacia Cueva Mayor, se acerca a la puerta enrejada de Portalón, que está precintada por un cordón policial. El juez de guardia levanta el cadáver acompañado de la secretaria judicial, que toma notas en un bloc.
Es noche cerrada. La una de la mañana. Carla siente que le vacían las entrañas cuando ve a dos agentes que salen de Cueva Mayor portando el cadáver de Miriam metido en una bolsa funeraria negra, reposando sobre una tabla espinal.
—Hija mía, hija mía, aquí estoy, hija mía —aúlla Carla.
Ese aullido animal. Luisa solo lo ha oído dos veces. Cuando le dijo a aquel hombre que su niña había aparecido asesinada en aquel pozo cerca de Castro Urdiales después de que una vidente le hubiera convencido de que su hija de cuatro años estaba sana y salva, y a sí misma cuando volvió a la cueva de Rota y Toni, su hermano, había desaparecido con el monstruo.
Carla vuelve a aullar. No es agradable escuchar ese aullido de mamífera más allá de la desesperación. Ha perdido a su cría. La pesadilla empieza. No va a acabar nunca. Nada de lo que le diga Luisa va a poder consolar a esa madre. Lo sabe porque Luisa ha estado en ese lugar que está más cerca de la muerte que de la vida.
Un solo segundo te puede cambiar la vida para siempre.

Luisa coge a Carla del brazo y la retiene mientras le dice que no se acerque. Una mano invisible presiona el corazón a Luisa, que ahora se acuerda de Toni, su hermano. Siente que dentro de ella se desencadena una tormenta helada, llena de viento y nieve y desesperación.
Toni está a su lado. Tiene seis años como cuando desapareció.
—¿Por qué no volviste a buscarme, Luisa? Te esperé, te esperé. Pero no viniste —dice el niño.
La angustia cierra la garganta a Luisa.
—Me ha matado a mi hija. Hijo de puta, me ha matado a mi hija —grita Carla.
Desde una distancia de dos metros, Jesús Sinaloa mira cómo Quique, su hermano y padre de Miriam, abraza a su mujer.
Jesús arranca a andar por la cuesta embarrada fuera de Cueva Mayor y se seca las lágrimas que arrasan su cara con las mangas de su jersey.
Los dos agentes trasladan el cadáver al coche funerario. Otro agente abre la puerta trasera. Los policías meten dentro el cadáver de Miriam.

Nuria Verde Hidalgo, autora de este blog, ciclotímica y apasionada de la vida. Ama escribir. Recientemente, la escritora y periodista ha publicado, Euforia, (Ediciones Azimut, 2025), y una entre catorce, El tercer hombre (Ediciones Silex, 2024) En 2020 publicó la novela El verdadero tercer hombre (Ediciones del Viento), en 2021 Los crímenes de Atapuerca (Caligrama), y en 2007 publicó Cómo crear una serie de televisión, con Gonzalo Toledano (Ediciones T&B), su primera incursión en la teoría y práctica del guion televisivo. En cuanto a su formación, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense. En 2010, fue finalista en los Premios Goya con su corto, Terapia.
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Un viaje increíble a Atapuerca.
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Queridas lectoras: comparto con vosotras el capítulo 7 de mi novela «Los crímenes de Atapuerca». Trata de un crimen estremecedor. Os recuerdo la historia:
A Míriam Sinaloa, una estudiante de 16 años que visita en yacimiento de Atapuerca, la asesinan dentro de la Sima de los Huesos.
La inspectora Luisa Baeza dirige la investigación del asesinato de la adolescente mientras se enfrenta a una profunda crisis personal y se obsesiona con un caso en el que busca una redención.
Hay secretos que no puedes enterrar para siempre.
Una hora después, en una habitación del hotel NH de Burgos, Jesús Sinaloa y Carla Veiga, su cuñada, yacen en la cama en actitud cómplice tras hacer el amor. Se miran a los ojos y se acarician. Se abrazan y se ríen entre las sábanas.
Se han abierto el uno al otro. Se han buscado. Se han amado en silencio secreto como llevan haciendo desde hace años.
Por las ventanas se cuelan las agujas de la fachada de la catedral, el cimborrio del crucero —gótico flamígero—, que dan su carácter especial a la basílica Metropolitana de Santa María. Las torretas se elevan a un cielo muy azul y luminoso.
—Eres preciosa —dice Jesús.
Carla se ríe. Ronronea como una gata encima del cuerpo caliente de Jesús. Cuando ha eyaculado minutos antes —estaban haciendo el 69 y han parado para acoplarse uno dentro del otro—, su semen dorado ha formado una parábola perfecta que ha salpicado la pared. Carla se ha sentido en éxtasis. Está muy enamorada de Jesús. Sacrificaría toda su comodidad burguesa, su buen matrimonio, por este amor loco y sin esperanza. Sin embargo, no abandona a Quique.
Carla se lleva bien con Quique, su marido y hermano de Jesús, se acaban de comprar una nueva casa juntos, tienen una hija adolescente a la que quieren con locura, Miriam, y un hijo de diez años, Lucas, al que quieren aún más. En este momento, ella está dispuesta a arriesgarlo todo por vivir esta alegría, esta felicidad que siente. Cuando salga del hotel, se le pasará.
—Miriam no opina lo mismo. Dice que dos de las grandes bromas de la humanidad son que Trump haya ganado las lecciones y que yo diga que voy al gimnasio.
—Los adolescentes son crueles por naturaleza. Creen que nunca van a ser viejos —dice Jesús.
Jesús abraza a Carla y la besa con pasión.
Carla siente que se abre dentro de su pecho un agujero volcánico que rezuma lava, embriaguez amorosa, locura de gozo, plenitud jubilosa. Su nuca se ancla a esa sensación que no quiere perder. Acumula demasiadas mañanas aburridas, deprimidas, sin ganas de levantarse de la cama que Carla asocia a su matrimonio cómodo y vacío, mediocre, a su adaptación a una vida fácil y mecánica como profesora de Literatura en el instituto Manuel Machado.
El éxtasis amenaza con estallar en su pecho. Promete placer a medida que nota las caricias de Jesús, que recorren su espalda y bajan hacia su vientre, hacia su clítoris. Abajo y arriba, vuelta a empezar. La anticipación del clímax vacía la cabeza de oxígeno y preocupaciones a Carla.
—Me encanta.
—Ya me he recuperado.
Horas después pensará de forma obsesiva que, mientras ella estaba haciendo el amor con Jesús, su hija de dieciséis años yacía muerta con la cabeza reventada a martillazos dentro de la Sima de los Huesos. Pero ahora no. Ahora Carla es feliz. Aún no sabe la noticia y no intuye ni huele el dolor que la espera.

Después de hacer el amor por segunda vez, Carla y Jesús se abrazan. Carla se medio duerme entre los brazos de su amante. Es la hora de comer, cuando Jesús puede escaparse de su trabajo en Atapuerca y ella de corregir trabajos sobre Anna Karenina . No, no se le escapa la ironía respecto al paralelismo con su propia vida al haber elegido la novela de Tolstói. Muchos de los análisis críticos de sus alumnos están copiados de Internet, del Rincón del Vago, de foros y chats. Muy pocos de los chicos se han leído la novela de Tolstói, la mejor novela de la historia según Carla. Puede oler el heno en esta habitación cuando Lievin siega en su finca, también siente el enamoramiento de Anna por Vronsky, porque es el suyo, y horas más tarde experimentará su alienación, su desconexión de la gente, su ausencia de vida cuando Anna se tira a las vías del tren. Carla también querrá suicidarse tras la muerte de su hija y saldrá a la terraza de su casa y mirará hacia la calle, dominada por el ansia de escapar del sufrimiento y reunirse con Miriam en el más allá. Su niña. Querrá sentir el dolor que sintió su hija.
Pero todavía no ha llegado ese momento. Ahora Jesús y Carla se arrullan con una ternura despreocupada en su cama de hotel, sábanas frescas y blancas que una mujer anónima e invisible se ocupa de lavar, planchar, cambiar y estirar cada mañana.
—Me tengo que ir —dice Jesús de repente.
Carla nota que antes él estaba abierto y ahora está cerrado. Absorbe su olor y siente el hambre de la separación.
—Quédate —ronronea Carla.
—Tengo prisa. Muchas cosas que hacer.
—Tú mismo —dice ella mientras mira una extraña mancha de humedad en el techo, que para ella podría representar la imperfección de la vida, la frustración del amor cuando es demasiado intenso y los amantes no lo pueden contener.
—Esto no puede ser, no puede ser. No podemos recuperar el pasado —dice Jesús.
—Al menos vístete para decirme eso —dice Carla. Una llama de enfado cerca su corazón.
Jesús se incorpora. Se sienta en la cama para ponerse los calzoncillos y los pantalones. Cara enjuta, cabeza romana, nariz patricia, frente despejada, cuerpo delgado y escuchimizado, pero pecho muy buen formado, propio de un atleta. Le encanta correr maratones. Y más aún correr campo a través en la sierra de Atapuerca.
—Jesús, fuiste tú, fui yo, los dos lo estropeamos todo. Pero no todo está perdido.
—Para mí sí, yo ya no siento lo mismo.
Un estallido de dolor en el pecho. Cómo le duele a ella que él diga eso. En ese momento lo odia. Pero sabe que Jesús lo dice para castigarla. ¿Será capaz de dejarlo? Ahora tiene ganas de abandonarlo.
—Pero te acuestas conmigo.
—Sí. Pero es la última vez.
Carla asiente con un cansado gesto de cabeza. Jesús siempre dice lo mismo, pero luego siempre la busca y vuelve a ella.

Nuria Verde Hidalgo, autora de este blog, ciclotímica y apasionada de la vida. Ama escribir. Recientemente, la escritora y periodista ha publicado, Euforia, (Ediciones Azimut, 2025), y una entre catorce, El tercer hombre (Ediciones Silex, 2024) En 2020 publicó la novela El verdadero tercer hombre (Ediciones del Viento), en 2021 Los crímenes de Atapuerca (Caligrama), y en 2007 publicó Cómo crear una serie de televisión, con Gonzalo Toledano (Ediciones T&B), su primera incursión en la teoría y práctica del guion televisivo. En cuanto a su formación, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense. En 2010, fue finalista en los Premios Goya con su corto, Terapia.
Si te ha gustado el capítulo compártelo con alguien que creas que lo disfrutará. Te estoy muy agradecida. Me ayudas mucho.
Un crimen estremecedor.

A Miriam Sinaloa, una estudiante de 16 años que visita en yacimiento de Atapuerca, la asesinan dentro de la Sima de los Huesos. Un crimen espeluznante.
La inspectora Luisa Baeza dirige la investigación del asesinato de la adolescente mientras se enfrenta a una profunda crisis personal y se obsesiona con un caso en el que busca una redención.
Hay secretos que no puedes enterrar para siempre.
Jesús Sinaloa guía la visita por la excavación de Cueva Mayor a los estudiantes del instituto Manuel Machado. Los adolescentes recorren la superficie rocosa húmeda, resbaladiza, y echan un vistazo a la bocana ancha, oscura y telúrica de la Sima de los Huesos. De allí Sinaloa y su equipo sacaron a mano toneladas de sedimento profanadas por bandidos y arqueólogos aficionados desde el siglo xviii hasta que consiguieron alcanzar los niveles de excavación. En la Sima no encontraron fósiles de herbívoros ni herramientas líticas. Pero sí más de doscientos osos, Ursus deningeri, amontonados dentro de la cavidad. También descubrieron leones, lobos, zorros, linces, garduñas y comadrejas.
Las paredes de la cueva están cubiertas de andamios para poder excavar en los niveles superiores.
Jesús cuenta a los alumnos que la acumulación de fósiles humanos del Pleistoceno Medio en la Sima es la más importante del mundo.
—Y también aquí se encontró al primer hombre asesinado de la historia. Hallamos un cráneo de hace 430 000 años con grandes agujeros en la frente —dice Jesús.
—¿Qué había pasado? —pregunta Max Rey, que aparece en la puerta de Cueva Mayor. Con su gran altura, bigote rotundo cano, aire enjuto y orgulloso, su salacot calado sobre su poderosa cabeza, siempre impresiona la primera vez que lo ves.
Max mira a Miriam. Esta le sostiene la mirada y esboza una sonrisa que derrocha encanto.

—Chicos, os presento a Max Rey, el jefe de todo esto —dice Jesús con cierta sorna mal disimulada.
—Lo dice para hacerme la pelota. Pero no vas a quedarte con la Dolina por ello y la Liga la ha ganado el Barça —responde Max.
Los adolescentes se ríen, excitados.
—¿Qué tal estás? —dice Jesús.
—Fenomenal. —Max le escruta con los ojos amusgados—. A mí me sacan de aquí con los pies por delante —dice mientras se levanta el salacot.
Jesús lo ignora y prosigue con su historia.
—Es un misterio. El cráneo lo descubrimos a quince metros de profundidad. Es el cráneo número 17.
Un neandertal primitivo asesta con una piedra un golpe mortal en la cabeza de otro, que cae abatido al suelo. Luego el asesino tira el cadáver al agujero negro y profundo de la Sima de los Huesos.
—Hay pruebas forenses de que lo mataron —dice Jesús—. Lo que le convierte en uno de los primeros casos de asesinato documentados de la historia —añade—. Recogimos cincuenta y dos fragmentos de hueso. Descubrimos que el cráneo tenía dos lesiones mortales que penetraron en el hueso frontal, justo encima del ojo izquierdo del muerto.
—¿Seguro que no fue un accidente o una caída? —pregunta Max.
Jesús Sinaloa responde que los golpes se los dieron de arriba hacia abajo, lo cual confirma que fue un asesinato.
Max reposa otra vez su mirada sobre Miriam. La adolescente lo mira, desafiante y halagada. Por fin baja la mirada y sonríe.
Una hora después, Maite, la madre de Luisa Baeza, da vueltas alrededor del bar Los Geranios. El aparcamiento está iluminado bajo las iridiscentes nubes. Paredes encaladas y desconchadas, goteras, escombros, basura y ruina, un sitio que ha conocido tiempos mejores. Luisa llega con su coche, aparca, mira a su madre esperándola fuera. Se toma su tiempo antes de salir. Suspira, agotada.
Por fin sale. Su madre y Luisa ni se abrazan ni se besan. Se miran como dos felinos a la expectativa. La mirada a la defensiva de Luisa escruta a su madre. Se fija en sus manos, que tiemblan. Su madre se da cuenta de que su hija la mira. Esconde sus manos detrás de la espalda.
—¿Qué tal estás? —pregunta Luisa.
—Mejor que nunca —responde Maite.
—No es eso lo que me cuenta Mar —dice Luisa.
—Tu hermana es una exagerada que se ahoga en un vaso de agua —dice su madre—. Si me incendiaran la casa, yo también sería una drama queen —espeta Luisa, cansada ya de su madre, y acaba de verla.
—De eso no hay peligro porque yo nunca viviría en tu casa —dice Maite.
—Eso me alivia, madre —responde Luisa.
Un silencio tenso se remansa entre madre e hija.
—¿Vas a vivir sola en ese piso? —pregunta por fin Luisa a su madre.
Primer asalto. La dinámica de su relación disfuncional que se repite en bucle. No se quieren. Siempre las mismas pullas, los mismos reproches.
—Por supuesto que sí. A lo mejor me cojo a un chulazo y me gasto la herencia de tu padre —dice Maite.
—Mi padre no dejó herencia, pero sigue con tu ego en plan Blanche Dubois —dice Luisa.
—¿No sabes que quieren construir aquí un hotel?
—Creía que Atapuerca era patrimonio de la humanidad.
—Poderoso caballero es don dinero.
—Siempre ha sido así.
—Mira que eres cruel, ¿qué te he hecho? —dice su madre.
—Nada. Yo soy así por naturaleza: cruel —dice Luisa.
—Te has quedado sola, Tomás ya no pudo más, ¿eh? —dice Maite.
Golpe en estómago. Malestar que le oprime el pecho como una lápida.
—Eso no te importa —dice Luisa, tensa.
Voy a estrangular a Mar. Bocachancla.
—Y a ti sí te importa cómo tengo que vivir mi vida —sentencia Maite.
Un silencio incómodo flota en el ambiente.
—Te morirás sola, Luisa, te encontrarán quince días después de muerta porque un vecino se quejará del mal olor —dice Maite.
—No te olvides de los pastores alemanes husmeando, madre. ¿Por eso me has llamado? —pregunta Luisa.
De repente, todo cambia. Su madre se va, angustiada, coge el móvil para llamar a un taxi. Tropieza, se cae, se tuerce el tobillo y se pone a llorar, vulnerable como una niña. Luisa se acerca y la ayuda.
—Mamá, ¿te has hecho daño? Perdona, mamá, no quería ponerme así. —La niña culpable que Luisa lleva dentro aflora de repente.
El bolso de su madre despanzurrado sobre la grava. La madre alarga una mano para recogerlo. Luisa coge antes que ella el bolso y se lo alcanza. De repente, Luisa mira unos papeles caídos sobre la grava y se da cuenta de algo. Mira a su madre.
—¿Qué es esto? —pregunta Luisa hojeando los papeles—. ¡Ja, ja, ja, ja! ¿Quieres que renuncie a mi herencia? ¡Ja, ja, ja!

Nuria Verde Hidalgo, autora de este blog, ciclotímica y apasionada de la vida. Ama escribir. Recientemente, la escritora y periodista ha publicado, Euforia, (Ediciones Azimut, 2025), y una entre catorce, El tercer hombre (Ediciones Silex, 2024) En 2020 publicó la novela El verdadero tercer hombre (Ediciones del Viento), en 2021 Los crímenes de Atapuerca (Caligrama), y en 2007 publicó Cómo crear una serie de televisión, con Gonzalo Toledano (Ediciones T&B), su primera incursión en la teoría y práctica del guion televisivo. En cuanto a su formación, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense. En 2010, fue finalista en los Premios Goya con su corto, Terapia.
Si te ha gustado el capítulo de «Los crímenes de Atapuerca»,compártelo. Te lo agradezco. Me ayudas mucho.
Un crimen espeluznante.
Si quieres saber más de mí, curiosea mi Twitter.
Puedes leer la novela completa y gratuitamente en mi Wattpad.


Queridas lectoras: comparto con vosotras el quinto capítulo de mi novela «Los crímenes de Atapuerca». Os recuerdo la historia:
A Miriam Sinaloa, una estudiante de 16 años que visita en yacimiento de Atapuerca, la asesinan dentro de la Sima de los Huesos. El crímen más increíble de Atapuerca.
La inspectora Luisa Baeza dirige la investigación del asesinato de la adolescente mientras se enfrenta a una profunda crisis personal y se obsesiona con un caso en el que busca una redención.
Hay secretos que no puedes enterrar para siempre. «Los crímenes de Atapuerca».
1 junio de 2019. Quince días antes del asesinato. Burgos
El zumbido de los tubos fluorescentes en el techo, el trasiego de la gente del equipo de la Dolina, que iba recién duchada a desayunar a la cafetería del Gil de Siloé. Los más viejos, con pantalones cortos vintage color caqui Coronel Tapioca de amplios bolsillos, camisetas beige con el dibujo impreso del Homo antecessor. Los más jóvenes, con el pelo de punta engominado, litros de colonia, olor a champú de hierbas. Mañana recién estrenada.
Ruido de bandejas metálicas. Café con leche y paquetes de galletas María. Una camarera, con cara de resignación y, a la vez, de desear estar en otro sitio, que lleva un gorro blanco parecido a los de la ducha, solo que de tela blanca ajustado a sus rizos grasientos y negros, me mira.
—¿Qué te pongo? —pregunta.
Flashes desagradables me bombardean la cabeza. Germán penetrándome en su cama. Yo arqueando la espalda y echando atrás la cabeza.
Germán, que busca neandertales en la cueva del Mirador.
¿Por qué lo había hecho? Cuando bebía no tenía límites, podía hacer cualquier cosa, perdía el control. Quiero retroceder en el tiempo y borrar mi infidelidad. La vergüenza me cubre como un sudario.
Esa mañana me juro que no vuelvo a beber. La resaca me hace sentirme fuera de la realidad, de todo lo bueno que tiene la vida, del amor por mi chica, atrapada por una espantosa migraña. El corazón me late como un pájaro angustiado.
Hace solo diez días que estoy en Atapuerca, pero me parece que llevo diez años. El yacimiento se divide en cuatro complejos. El primero que se investigó fue el complejo 1, que está compuesto por la Sima de los Huesos, la Sala de los Cíclopes, la Galería de las Estatuas, la Galería de Sílex y el Portalón.
La Trinchera del Ferrocarril es el complejo 2. Allí se encuentran los yacimientos de la Sima del Elefante, la Gran Dolina, Galería y Covacha de los Zarpazos y el Penal.
En los años 70 se descubrió el complejo 3, que está enclavado lejos de la Trinchera. Lo compone el yacimiento del Abrigo del Mirador. A continuación, en la década de los 80, fuera de las cuevas, al aire libre, se hallaron los yacimientos del Hundidero, Hotel California, Fuente Mudarra y Valle de las Orquídeas.
Aún estaba reciente la polémica acerca de la especie que se había encontrado en la Sima de Los Huesos. Michael Donovan, profesor del Museo de Ciencias Naturales de Londres, aseguraba que esos homínidos eran neandertales primitivos. Pero Jesús Sinaloa, director del yacimiento de la Sima de los Huesos, la había clasificado como Homo heidelberguensis.
En Atapuerca se excava en nueve yacimientos, un cinco por ciento de los doscientos descubiertos en la sierra. Se hace un trabajo de paleontología que se heredará de generación en generación. El 99 % de los fósiles y restos de la industria lítica siguen enterrados.
—Resacón en Burgos —bromea Ricardo mientras se acerca con un gesto cómplice y me susurra—: Un poco de coca te vendría bien.
—Ya llegamos tarde, vamos, Lara —dice Andrea, arrastrándome hacia el despacho de Max. Tengo que reprimirme porque todas las células de mi cuerpo ansían un gramito de cocaína. El deseo arde dentro de mí y me emborracha con su promesa infinita de euforia. La boca se me seca. Un latigazo de frustración me azota.
—Buenos días, Andrea. Anoche no te vi en la fiesta —dice Ricardo mirando a Andrea con gesto frío.
Andrea ni se molesta en contestarle. Tira otra vez de mi manga y me susurra:
—Vamos. ¿Tú no estabas muerto, Ricardo? —pregunta Andrea con ese orgullo que es marca de la casa.
A pesar de que estoy a punto de vomitar, no puedo evitar reírme.
—Cómo eres, qué tía —contesta Ricardo con tono de cabreo disfrazado de sorna—. Qué educación —añade.
Me doy cuenta de que un nubarrón negro cruza la cara de Andrea. De repente, intuyo que se avecina una pelea. Andrea no soporta que se le mencionen su infancia de huérfana ni su crianza sin padres biológicos.

Una oleada de irritación hacia Ricardo se levanta dentro de mí. «Qué invasivo, el muy idiota. ¿Por qué no nos deja en paz?, ¿no se da cuenta de que no queremos hablar con él? ¡Qué gilipollas!».
Cojo la mano de Andrea y se la aprieto en un gesto de complicidad.
Ahora soy yo la que tira del brazo de Andrea, que se ha puesto rígida. Me acerco a su cuello, ese cuello que yo tanto amo y que he acariciado durante tantas noches que ahora añoro, noches de cartografiar su cuerpo de huesos frágiles de pájaro. De pronto me viene su manera íntima y especial de llegar al orgasmo, retorciendo la cara y luego relajándola. Su grito de gozo íntimo.
—Pasa de él. Es un gilipollas.
—Te vi anoche. Pero tú no me viste, Lara. —Malicia en los ojos de Ricardo, que parpadean rápido como si fuera un Bambi inocente.
Siento una increíble tensión en mi tripa. Quiero tapar la boca de un puñetazo a ese pesado, quiero lanzarme a su carótida y darme un baño de sangre a su costa.
De repente, el miedo a que Ricardo diga algo de lo que pasó anoche con Germán me devora. «¿Por qué lo hiciste?, ¿estás loca? Tienes en Andrea lo que siempre has soñado. ¿Cómo puedes ser tan perversa y serle infiel a tu novia, que te quiere?». No puedo beber. Me lo decía mi amigo Antón. «Lara, no puedes beber». Llega un momento en el que descontrolo, hago cosas espantosas de las que luego me arrepiento. La culpa me come. Me muero si Andrea se entera. Me enferma la idea de perderla. Me odio a mí misma. Ardo de vergüenza.
Ricardo abre la boca con un deleite desnudo que brilla en sus ojos de serpiente, que aparentan una simpatía de quincalla.
—Te vi bailar con Germán.
Cuchillada en la tripa, pánico frío que se enrosca en mi espina dorsal. Hiervo de ira blanca, estallido caliente. El impulso de pegarle una bofetada al idiota integral de Ricardo me pica, poderoso.
Pero una náusea fría asciende del estómago a mi garganta. Voy a vomitar. Me doblo y echo un líquido amarillo sobre las Nike blancas y nuevas de Ricardo.
—¡Joder!
—Lo siento.
—Llegamos tarde, Ricardo. Ciao —dice dándole la espalda.
Andrea y yo dejamos con la palabra en la boca a Ricardo, quien es tan vulnerable al rechazo. Nos mira con expresión frustrada y cabreada.
Andrea se parte de risa mientras tira de mí hacia el baño. Me lavo y enjuago la boca llena de un eco ácido, repugnante. Me derrito de vergüenza. Tengo que dejar de beber.
Corremos por los pasillos del Gil de Siloé, la residencia donde se aloja todo el equipo que trabaja en Atapuerca durante la campaña de excavación. La Junta de Castilla y León paga el alojamiento. Al lado de este edificio están los laboratorios donde el equipo, por la tarde, analiza los restos fósiles que han encontrado por la mañana.
Normalmente se excava durante los meses de junio y julio. Pero este año es un año muy especial por muchas razones y unos pocos paleontólogos han empezado a trabajar a finales de mayo.

Nuria, con su marido Gonzalo, su hermana Laura y su amiga Marta, de RTVE.
Nuria Verde Hidalgo, autora de este blog, ciclotímica y apasionada de la vida. Ama escribir. Recientemente, la escritora y periodista ha publicado, Euforia, (Ediciones Azimut, 2025), y una entre catorce, El tercer hombre (Ediciones Silex, 2024) En 2020 publicó la novela El verdadero tercer hombre (Ediciones del Viento), en 2021 Los crímenes de Atapuerca (Caligrama), y en 2007 publicó Cómo crear una serie de televisión, con Gonzalo Toledano (Ediciones T&B), su primera incursión en la teoría y práctica del guion televisivo. En cuanto a su formación, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense. En 2010, fue finalista en los Premios Goya con su corto, Terapia.
Si te ha gustado el capítulo, compártelo con alguien que creas que lo disfrutará. Muchas gracias lectora.
El crimen más increíble de Atapuerca.
Si quieres saber más de mí, curiosea mi Twitter.
Puedes leer la novela completa y gratuitamente en mi Wattpad.

Queridas lectoras: comparto con vosotras el capítulo cuatro de mi novela «Los crímenes de Atapuerca».
A Míriam Sinaloa, una estudiante de dieciséis años que visita el yacimiento de Atapuerca, la asesinan dentro de la Sima de los Huesos.
La inspectora Luisa Baeza dirige la investigación del asesinato de la adolescente mientras se enfrenta a una profunda crisis personal y se obsesiona con un caso en el que busca una redención.
Hay secretos que no puedes enterrar para siempre.
1 junio de 2019. Quince días antes del asesinato. Burgos
La mañana en la que Max Rey nos convocó a su despacho, yo tenía una resaca espantosa. No me acordaba de nada de lo que había pasado la noche anterior en la fiesta. Solo tenía un puñado de estados de ánimo: ansiedad, vergüenza, culpa y la sensación ominosa de tener que guardar un secreto: mi infidelidad a Andrea, mi novia. No ha pasado. Si no piensas en ello, no ha pasado.
Andrea y yo acudimos a la cita con Max como dos conspiradoras. Salimos de nuestra habitación de la residencia de estudiantes Gil de Siloé con el sigilo de dos gatas. Atravesamos los pasillos de baldosas jaspeadas de piedras grises y marrones que olían a calcetines sucios, pizza revenida y jabón de fregar, un olor que me recordaba al colegio, donde había sido muy infeliz. La mala conciencia me atormentaba.
De camino al despacho de Max, nos cruzamos con Ricardo Díez, quien, con cara de malicia y una sombra de avidez lujuriosa que se posó en sus pequeños y mezquinos ojos, me preguntó:
—¿A dónde vas, Lara?
—A la cantina —improvisé sin aflojar el paso, con Andrea tirándome de la manga de la camiseta, impaciente ya por que nos despegáramos de Ricardo, quien le caía como una patada en el estómago.
Pero Ricardo se pegó a nosotras como una sanguijuela. Se acompasó a nuestro paso sin hacer caso del rechazo que irradiábamos.
—¿Ahora? —Ricardo fingió sorpresa.
—¿Qué tal anoche? —dije yo en un desesperado intento de cambiar de conversación, con Andrea poniendo mala cara y sacando la lengua como si vomitara, sin importarle que Ricardo la viera. No le importaba quedar bien. La independencia era una de sus mejores virtudes.
—Yo acabé fatal. Estoy superperjudicado. Me sobraron los últimos chupitos, esos jodidos cerebritos —dijo Ricardo sin aliento.
Andrea aceleró el paso. Odiaba a Ricardo, un pelota máximo, un lobo con piel de cordero, duro con los débiles y débil con los duros. Blando por fuera, despiadado por dentro.
Ricardo Díez era un experto en preparar los cerebritos que remataban la fiesta los sábados por la noche en el Gil de Siloé. Si eras lo suficientemente incauta como yo para seguirlo en su farra, los malditos cerebritos te cocían el cerebro con su alcohol eléctrico. El resultado era una jaqueca azul fosforescente que cabrilleaba en el horizonte más inmediato de las circunvoluciones de mi cerebro.

No había cumplido lo que me había prometido a mí misma. No me había escapado de la fiesta para ir a buscar a Andrea a su habitación monacal, donde ella estudiaba por la noche, tal y como había planeado cuando empezó la juerga. En contra de mi buen juicio, había permanecido en la celebración en la cancha de baloncesto mágica y sudorosa del Gil de Siloé, con Max cantando desde la cima de la barra al lado de la nevera de Coca-Cola It‘s Only Rock and Roll and I Like it mientras bebía sin parar whisky con agua y hablaba con Germán, con el que acabaría en la cama, borracha. No puedes beber así.
Saturada por la culpa, preocupadísima por que Andrea pudiera darse cuenta de que anoche le había sido infiel, aparté ese recuerdo de mi memoria. Pero la ansiedad me atormentó, me aplastó, me asfixió, me escaldó y no me dejó vivir.
Dos horas antes me he duchado en la habitación de Germán, desesperada y hecha polvo, con las piernas temblando por el agotamiento de la resaca, oliendo a sexo y a mala conciencia, dominada por el ansia de borrar el más mínimo rastro de la noche anterior.
La angustia posalcohólica me hizo pedir a Dios ser buena. Solo quería ser una buena persona. Solo quería ser decente. Sabía que era el dolor que tenía acumulado dentro de mí el que me hacía beber de esa manera desquiciada y hacer cosas horribles que no quería hacer. Arrepentida, prometí compensar a Andrea, a quien quería de verdad. Es la chica de la que estoy enamorada hasta las trancas.
—A mí también me duele la cabeza —dije mientras fijaba la vista en mis zapatillas New Balance negras.
Andrea puso los ojos en blanco y miró al techo.
—¿A qué hora acabaste?

Nuria Verde Hidalgo, autora de este blog, ciclotímica y apasionada de la vida. Ama escribir. Recientemente, la escritora y periodista ha publicado, Euforia, (Ediciones Azimut, 2025), y una entre catorce, El tercer hombre (Ediciones Silex, 2024) En 2020 publicó la novela El verdadero tercer hombre (Ediciones del Viento), en 2021 Los crímenes de Atapuerca (Caligrama), y en 2007 publicó Cómo crear una serie de televisión, con Gonzalo Toledano (Ediciones T&B), su primera incursión en la teoría y práctica del guion televisivo. En cuanto a su formación, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense. En 2010, fue finalista en los Premios Goya con su corto, Terapia.
Si te ha gustado el capítulo, compártelo con alguien que creas que lo disfrutará. Te estoy muy agradecida. Me ayudas mucho.
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Queridas lectoras: comparto con vosotras el tercer capítulo de mi novela «Los crímenes de Atapuerca». Os recuerdo la historia:
A Miriam Sinaloa, una estudiante de 16 años que visita en yacimiento de Atapuerca, la asesinan dentro de la Sima de los Huesos. El crimen más increíble de Atapuerca.
La inspectora Luisa Baeza dirige la investigación del asesinato de la adolescente mientras se enfrenta a una profunda crisis personal y se obsesiona con un caso en el que busca una redención.
Hay secretos que no puedes enterrar para siempre.
Mientras conduce, Luisa se pierde el cielo diáfano y luminoso, sin rastro de nubes y las vistas a la sierra de la Demanda, en la que se crio y que conoce como la palma de su mano. Su mente absorbe toda su atención y borra la realidad que la rodea como si fuera una bayeta húmeda que friega los restos de suciedad sobre una mesa.
Luisa anticipa y escenifica en su mente la discusión que sabe que va a tener con su madre nada más llegar a Atapuerca.
Mar, su hermana pequeña, ya no quiere cuidar más de su madre, y esta no puede vivir sola, a pesar de que sea lo que ella quiere. Luisa quiere ingresarla en una residencia. Si algo tiene claro es que ella no va a cuidar de su madre. Mamá es bipolar y no se toma la medicación, lo que va a ser una juerga para toda la familia. Mamá está en estado maníaco. Fuegos artificiales, champán descorchándose, risas como burbujas resplandecientes en la noche.
Mar le ha dicho a Luisa que todos estos años lleva ella ocupándose de mamá, que no es justo. Mamá está demente y quiere dominar a toda la familia como ha hecho durante toda su vida. Ha incendiado la casa en un descuido, y Luis, el marido de Mar, un santo varón, le ha dado un ultimátum a su hermana: o él o su madre se van de casa. Mar, además, tiene dos niñas, la menor de dos años. ¿Podría Luisa vivir con ella durante unos días ahora que ha vuelto a Burgos?
No, coño, no.

Nuria Verde Hidalgo, autora de este blog, ciclotímica y apasionada de la vida. Ama escribir. Recientemente, la escritora y periodista ha publicado, Euforia, (Ediciones Azimut, 2025), y una entre catorce, El tercer hombre (Ediciones Silex, 2024) En 2020 publicó la novela El verdadero tercer hombre (Ediciones del Viento), en 2021 Los crímenes de Atapuerca (Caligrama), y en 2007 publicó Cómo crear una serie de televisión, con Gonzalo Toledano (Ediciones T&B), su primera incursión en la teoría y práctica del guion televisivo. En cuanto a su formación, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense. En 2010, fue finalista en los Premios Goya con su corto, Terapia.
Si te ha gustado el capítulo, compártelo con alguien que creas que lo disfrutará. Muchas gracias lectora.
El crimen más increíble de Atapuerca.
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Me hace ilusión compartir con vosotras, queridas lectoras, el segundo capítulo de mi novela «Los crímenes de Atapuerca» (Editorial Caligrama, 2021) Os hago un resumen para aquellas que no conozcan la historia que cuenta la novela. El estremecedor misterio de Atapuerca.
Campaña de excavación de 2019. Sima de los Huesos. Atapuerca.
A Miriam Sinaloa, una estudiante de 16 años que visita el yacimiento de Atapuerca con su instituto, la asesinan dentro de la Sima de los Huesos. El cadáver aparece sobre un charco de sangre, con los brazos y las piernas rotos posmortem.
La inspectora de la Policía Judicial de Madrid, Luisa Baeza, que creció en el bar Los Geranios, a la entrada de Atapuerca, vuelve a Burgos, con el corazón desgarrado después de separarse de su pareja de toda la vida y presa de un grave conflicto familiar con su hermana: el decidir quién se hace cargo de su madre bipolar.
Luisa Baeza dirige la investigación del asesinato de Miriam junto al subinspector Miguel Ángel Aduriz. Expulsada de la Policía Judicial de Madrid por agredir a un acusado y víctima de una investigación interna que la ha sometido a escarnio público, Baeza se enfrenta profunda crisis personal y se obsesiona con un caso policial en el que busca una redención. Pero volver a casa también significa enfrentarse a sus demonios y a su pasado.

La historia tiene lugar en una Atapuerca desangrada por sus guerras intestinas: el equipo de la Dolina enfrentado al de la Sima de los Huesos por el reconocimiento, el prestigio y el poder.
10 horas antes. Atapuerca
Un autocar lleno de adolescentes se acerca al yacimiento. Los chicos, abismados en sus móviles, se mandan wasaps mientras oyen música trap por sus cascos. No prestan ninguna atención al entorno de increíble belleza que se cuela por las ventanillas. La sierra de Atapuerca, con sus perfiles violetas, sus lomas de encinas y arbustos color verde oliva, sus campos amarillos de trigo y avena loca, salpicados de amapolas como manchas de sangre.
Miriam tiene solo dieciséis años y ya se siente hastiada de la vida. Se apodera de ella un nihilismo pesimista que le hace desconfiar de la supuesta pureza y buenas intenciones de la gente. La adolescente se siente asqueada del mundo. El instituto es un entorno hostil que aborrece. Su casa es otro campo de minas, donde sus padres no paran de pelearse, del que quiere escaparse en cuanto pueda. La chica está sumida en una crisis existencial. Está pasando momentos negros.
Miriam es una chica muy guapa, morena, de pelo largo, con un piercing en la nariz y un tatuaje de una garza real en el brazo que le costó una buena bronca en casa.
Ahora, cuando faltan pocos minutos para llegar a Atapuerca, Miriam adelanta una y otra vez en su cabeza el momento en el que va a ver a su tío Jesús. Ya ha pensado en lo que va a hacer. Lo saludará como si no pasara nada. Pero el diablo lo lleva dentro. Miriam rabia al revivir la humillación que le inflige su madre al engañar a su padre con su propio hermano, Jesús. Pero ya no tendrá que aguantar mucho más. Pronto cumplirá los dieciocho y será libre. En cuanto sea mayor de edad, se irá de casa con Marco y empezará por fin a vivir. No volverá a ver a su madre. Esa será su venganza.

La inspectora de homicidios Luisa Baeza recorre con su BMW azul cobalto la carretera que lleva de Burgos a Atapuerca. A pesar de que suena la voz sexy y aguardentosa de Bruce Springsteen en su iPod conectado al sistema de reproducción de música, a pesar de que oír a Bruce siempre la anima, Luisa no puede evitar sentirse al borde de la desesperación.
Hey, little girl, is your daddy home?
Did he go away and leave you alone? Mmmmmm.
I got a bad desire.
Oh, oh, oh, I‘m on fire.
«No pienses, no pienses, para, para», se dice Luisa a sí misma.
En el bar Los Geranios, justo a la entrada de Atapuerca, Maite espera a su hija Luisa. Sostiene nerviosa unos papeles en la mano. Es incapaz de estarse quieta y da cortos paseos inquietos alrededor de una casa y un bar que tienen pinta de llevar varios años cerrados.
Luisa mira en su móvil un wasap de Tomás, su marido, que permanece sin respuesta: «Cógeme el teléfono. Llámame».
La cabeza de Luisa viaja al pasado. Una mano le da al play de la cinta de una discusión con Tomás, su ex. Ahora su mente da versiones mejoradas de lo que le gritó en su momento. Qué puta mierda es la vida. Tiene que desengancharse del lorazepam como sea, está empanada y todo le parece bien, una pauta ajena a su personalidad salvaje. Solo hasta que supere la crisis y el divorcio que está atravesando.
—Te dejo —dice Tomás sin poder mirarla a la cara.
Luisa lo mira como si hubiera visto a un fantasma.
—¿Cómo se llama ella?
—No hay ninguna «ella».
—Y Trump ha ganado las elecciones de forma limpia. Vete a tomar por culo.
—Ya nunca lo hacemos —dice Tomás.
—O sea, que ahora la culpa es mía —dice, despacio, Luisa.
—No.
—No me quieres —suelta Luisa sin pensarlo demasiado. El silencio de Tomás y su cabeza gacha son ominosos.
Luisa lo mira, derrotada.
—¿Es por lo de los niños? —pregunta Luisa con voz muy bajita.
Tomás niega con la cabeza.
—Cuando me conociste sabía que no quería.
—No es por eso.
—¿Y por qué es?
—Tienes un muro dentro. Es imposible llegar a ti. No puedo más.
—Cambiaré.
—No, la gente no cambia, Luisa.
—Yo sí. ¿Por qué, Tomás?
—Porque estás siempre deprimida o cabreada.
Touché.
El móvil de Luisa suena. Es su hermana Mar. Luisa mira al techo del BMW y suelta un bufido. Coge la llamada y pone el manos libres. Silencia a Bruce.
—Luisa, soy yo. Mira, mamá está insoportable. No, no quiere ir a la residencia. Ya sabes cómo es. Me veo en Navidades empantanada y ella todavía en casa. No puede estar sola. Bueno, ya lo sabes. Y encima venga a mandar. Yo me tengo que cuidar. Tengo una depresión en pie. Al final mamá nos entierra a ti y a mí.
—Mar, cálmate.
—Tú lo ves todo muy fácil, hermanita. Desde Madrid se ve todo muy fácil.
—Mamá va a ir a la residencia quiera o no quiera.
—Conjunto residencial para mayores.
—Lo que sea.
—Luisa, te tengo que decir algo.
Luisa contiene la respiración.
—Mamá ha dejado el litio.
—Coño.
—Ya, tía. Está fatal. Te lo aviso. No hay quien haga carrera de ella. Está cerril. A ver si a ti te hace caso.
—Sería la primera vez.
—¡Qué guerra da mamá, coño!
—¿Me lo dices o me lo cuentas?

Nuria Verde, autora de «Los crímenes de Atapuerca». Autora de este blog, ciclotímica y apasionada de la vida. Ama escribir. Recientemente, la escritora y periodista ha publicado, una entre catorce, El tercer hombre (Ediciones Silex, 2024) En 2020 publicó la novela El verdadero tercer hombre (Ediciones del Viento), en 2021 Los crímenes de Atapuerca (Caligrama), y en 2007 publicó Cómo crear una serie de televisión, con Gonzalo Toledano (Ediciones T&B), su primera incursión en la teoría y práctica del guion televisivo. En cuanto a su formación, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense. En 2010, fue finalista en los Premios Goya con su corto, Terapia.
Gracias querida lectora por compartir conmigo esta aventura. Leer es un refugio en la vida.
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Recuerda que el concurso de Paul Auster sigue activo. Puedes ganar uno de sus libros.
La pregunta que hay que responder: ¿Qué novela de Paul Auster cita mi madre en el post «Mañanas de puente en La Malagueta»? Tenéis hasta el uno de junio de 2024 para responder. Sorteo nacional.
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El domingo pasado se cumplieron 31 años del accidente que le costó la vida al alpinista Jerzy Kukutzcka en la cara sur del Lhotse. Confieso que siento debilidad por los documentales sobre los alpinistas. Me flipó «Dawn Wall» sobre el legendario escalador Tommy Caldwell, secuestrado hace años en Kirguistán, quien superó un bajo estado anímico escalando, junto con su compañero Kevin Jorgeson, 900 metros, en la modalidad de escalada libre, la cara más escarpada de una legendaria roca: la Dawn Wall de El Capitán. Así que no pude resistir a la tentación de sumergirme en el documental «Jurek». Un rebelde con causa.

Cuando era crío, Jurek se escapaba de clase para irse a subir montañas, libre y fuera de la cárcel del colegio. Su vida era la montaña desde la más tierna infancia. Sin embargo, Jurek nunca pensó en hacerse profesional. Provenía de un familia obrera y nada presagiaba que se fuera a dedicarse al alpinismo.
Pero Jurek vivió su pasión y apuró su vida al límite, le gustaba vivir sus épocas de escalada, en la frontera entre la vida y la muerte, según él mismo confiesa para que «la vida tuviera color» y sentir, con mayor intensidad ,las temporadas de descanso y vida en familia.
Lo que me llama más la atención del documental es la evocación de un tiempo inocente, de vida al aire libre, de sencillez, inmediatez y momentos presentes sin móviles ni conexiones a internet. Una vida desconectada, en la que un hombre se enfrentaba al reto de escalar un ochomil a pulso.
Más interesante que las peripecias montañeras es la poderosa personalidad de Jerzy: sus ganas de jugar, arriesgar y disfrutar, su entusiasmo sin límites, su unicidad, su capacidad para prestar atención como un niño, porque, en el fondo, Jerzy nunca dejó de ser un niño ni de vivir la vida con la inocencia e inmediatez de un niño.

Era una época más romántica la de finales de los 70 y principios de los 80. Subir al Everest aún no se había convertido en una aventura comercial. Jurek subía sin oxígeno a la cima como un grande. Decía que quería jugar limpio con la montaña. Jerzy era un romántico.
Me chifla ver las fiestas que celebraba el equipo polaco en Katmandú y en el campo base, las expediciones con colegas, las ascensiones contra todo riesgo, la genialidad de Jurek, su rivalidad con Messner a la hora de conseguir ser el primero en alcanzar la cumbre de los catorce ochomiles que hay en el mundo, su sencillez y cercanía, su tenacidad y amor a la montaña. Todo eso y mucho más se refleja en el documental «Jurek».
Pero también me planteo, mientras veo el documental, todo lo que se perdió Kukuczka al matarse en uno de los últimos tramos del Lhotse: ver crecer a sus hijos, vivir su vida, disfrutar de su familia, experimentar tantas sensaciones, emociones, experiencias. En definitiva: vivir.
Uno de sus hijos pasea por Katmandú y dice que no recuerda a su padre. Sus amigos, más gordos, viejos, sí lo que quieras, siguen vivos.
Un documental sobre el legendario escalador Jerzy Kukuczka. Segunda persona en el mundo en subir los 14 ochomiles.
Puedes ver «Jurek» en Netflix.
Un rebelde con causa.
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